| ¿Debe la religión meter mano en la política? |
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| Escrito por Carlos Villalobos |
| Martes 01 de Junio de 2010 16:18 |
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Estimado amigo:
Usted señala que han corrido ríos de sangre cuando la religión se mete en política. Quiero señalarle quién fue el primero, que por hacerlo, perdió su vida: Jesucristo. La religión, estimado señor, no es algo de uso privado, que debe ser reservado sólo para el fuero interno. Comprender este punto es vital para formarse una idea cabal sobre el papel que la religión desempeña en la sociedad. Si esto no se entiende (precisamente porque no se busca la información apropiada, por ejemplo, las Encíclicas y los documentos de la Iglesia, etc) se caerá en subjetivismos y en juicios equivocados que, en lugar de echar un poco de luz sobre los temas, más bien, los oscurecen aún más, y se termina por provocar conflictos que con un poco de objetividad, se podrían evitar.
Como segundo punto, quiero señalarle que los seres humanos además de cuerpo, tenemos espíritu, alma o interioridad, y que uno y otro, si bien, están estrechamente interrelacionados se basan en principios diferentes que no son incompatibles, sino complementarios. La conciencia moral es la sede de los principios y valores éticos. Cuando se cultiva la conciencia moral y, por ende, la espiritualidad, se llega a un punto en que se establece una escala de prioridades, donde lo más relevante es puesto en el primer lugar y lo menos relevante pasa a ocupar posiciones secundarias. Para nosotros los católicos, Dios es el principio primero. Por encima de Él no hay nada ni nadie, de modo que nuestra espiritualidad es trascendente, porque va más allá de las realidades de este mundo en el que vivimos. Esto ha hecho que muchos cristianos a lo largo de estos 2.000 años hayan derramado su sangre antes que claudicar ante la mentira, la injusticia y el mal.
No todo el mundo entiende esto. No lo entendieron los romanos cuando perseguían a los cristianos porque los consideraban una secta subversiva, ya que se negaban a considerar al César como un dios (nótese que en esto hay un matiz político) ni lo entendieron los ilustrados que creían que el ser humano con la sola razón podía encontrar la verdad ni lo entienden muchos nuevos ilustrados de este siglo XXI que siguen creyendo igual como lo creían los masones en el siglo XIX que la religión es una lacra.
Cuando nos dejamos llevar por prejuicios o el apasionamiento, seguimos estando condenados a repetir la historia y la historia no es para volver a caer en los mismos errores, sino un ancho campo para construir un mundo mejor donde se superen las divisiones y se llegue a generar una humanidad reconciliada consigo misma, donde haya campo para todos sin distinciones de raza, religión, ideologías o nacionalidad.
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Usted señala que han corrido ríos de sangre cuando la religión se mete en política. Quiero señalarle quién fue el primero, que por hacerlo, perdió su vida: Jesucristo. La religión, estimado señor, no es algo de uso privado, que debe ser reservado sólo para el fuero interno. Comprender este punto es vital para formarse una idea cabal sobre el papel que la religión desempeña en la sociedad. Si esto no se entiende (precisamente porque no se busca la información apropiada, por ejemplo, las Encíclicas y los documentos de la Iglesia, etc) se caerá en subjetivismos y en juicios equivocados que, en lugar de echar un poco de luz sobre los temas, más bien, los oscurecen aún más, y se termina por provocar conflictos que con un poco de objetividad, se podrían evitar.
Como segundo punto, quiero señalarle que los seres humanos además de cuerpo, tenemos espíritu, alma o interioridad, y que uno y otro, si bien, están estrechamente interrelacionados se basan en principios diferentes que no son incompatibles, sino complementarios. La conciencia moral es la sede de los principios y valores éticos. Cuando se cultiva la conciencia moral y, por ende, la espiritualidad, se llega a un punto en que se establece una escala de prioridades, donde lo más relevante es puesto en el primer lugar y lo menos relevante pasa a ocupar posiciones secundarias. Para nosotros los católicos, Dios es el principio primero. Por encima de Él no hay nada ni nadie, de modo que nuestra espiritualidad es trascendente, porque va más allá de las realidades de este mundo en el que vivimos. Esto ha hecho que muchos cristianos a lo largo de estos 2.000 años hayan derramado su sangre antes que claudicar ante la mentira, la injusticia y el mal.
No todo el mundo entiende esto. No lo entendieron los romanos cuando perseguían a los cristianos porque los consideraban una secta subversiva, ya que se negaban a considerar al César como un dios (nótese que en esto hay un matiz político) ni lo entendieron los ilustrados que creían que el ser humano con la sola razón podía encontrar la verdad ni lo entienden muchos nuevos ilustrados de este siglo XXI que siguen creyendo igual como lo creían los masones en el siglo XIX que la religión es una lacra.
Cuando nos dejamos llevar por prejuicios o el apasionamiento, seguimos estando condenados a repetir la historia y la historia no es para volver a caer en los mismos errores, sino un ancho campo para construir un mundo mejor donde se superen las divisiones y se llegue a generar una humanidad reconciliada consigo misma, donde haya campo para todos sin distinciones de raza, religión, ideologías o nacionalidad.