Por Sonia Marta Mora
Recorremos en estos días las páginas de nuestros diarios y nos llenamos de alegría y orgullo. En la portada de Diario EXTRA del martes 27 de julio Nery Brenes alza los brazos triunfante al ganar, como fruto de un extraordinario esfuerzo, la medalla de oro en la prueba de 400 metros planos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
"Oro tico", dice con razón la portada. Y en Tokio, Japón, el joven Rafael Rodríguez, de 19 años, también gana el oro para Costa Rica: esta vez en las Olimpíada Mundial de Química. Nuestro país alcanzó así el puesto más alto de toda América. ¡Qué gran honor para todas y todos los costarricenses! Ese es el potencial de nuestra gente, ese es el temple y el carácter de nuestros compatriotas.
Pero también en la prensa y por las mismas fechas nos encontramos una historia y unas declaraciones de algunos congresistas que nos llenan de desolación. Diputados y diputadas de tres fracciones contrataron en sus despachos a parientes cercanos: de quince contrataciones de este tipo, congresistas del Partido Liberación Nacional realizaron nueve, del Movimiento Libertario cinco contrataciones, y del PASE una contratación. Cuñados, tíos, hermanos, hijos, cónyuges… Esto ya lo había denunciado la prensa, pero ahora trasciende la historia junto a un criterio de la Sala IV del año 2000 en el cual se confirmaba que la prohibición para este tipo de nombramientos alcanzaba también a los puestos de confianza.
Los congresistas que hicieron estos nombramientos reaccionaron ante las consultas del periodista Esteban Mata de La Nación: "Yo exactamente no sé", dice una diputada de Liberación que contrató a su hija "Ha sido una práctica común", argumenta una diputada libertaria que asignó a su hijo uno de estos puestos en la función pública… Es exactamente como si Nery Brenes hubiese dicho "Yo exactamente no sé" al irrespetar una regla básica del juego limpio, de esas elementales que se aprenden junto al abuelo al presenciar en la plaza del pueblo un partido de fútbol, o como si el joven Rodríguez hubiese argumentado, por ejemplo, que nadie le había notificado por escrito que no se valía hacer trampa en una competencia, principio de comportamiento que con seguridad aprendió desde niño con sus padres y que lo llevaron hasta esta extraordinaria meta que alcanzó en Japón. Por el contrario, tanto Nery Brenes como Rafael lograron un singular triunfo gracias a que sus vidas expresan valores sin los cuales nadie lograría ser un talentoso y destacado atleta ni un prometedor científico. Son jóvenes que llevan en su corazón las lecciones de nuestras abuelas y abuelos ticos: esa ética que no conoce excusas ni escondrijos.
Y en una entrevista con el mismo comunicador, el Presidente de la Asamblea Legislativa argumenta que hasta tanto el código de ética del Partido Liberación Nacional no esté "aprobado", el nombramiento de parientes por parte de diputados de su partido no riñe con los principios de esa agrupación. ¡Malabares argumentativos –no sé, no me acuerdo– que hasta levantarían de su tumba a nuestros honorables antepasados! ¿Cómo hemos llegado tan lejos? ¿Será necesario que se requiera de los Tribunales o de una Asamblea partidaria para recordarle a alguien las más elementales reglas del decoro y del respeto a una investidura pública? Una flor para Nery Brenes y para Rafael, y también para un periodista riguroso que dignifica su profesión. Y una lágrima por quienes reproducen prácticas y estructuras políticas que sepultaron para siempre los principios.
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