Caminata a Crucitas PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 27 de Julio de 2010 13:01
Por Sonia Marta Mora

Muchas lecciones nos deja la caminata "Marchando por la vida: Crucitas libre de cianuro", que emprendieron la pasada semana un grupo de personas comprometidas en la lucha contra la minería a cielo abierto. En primer lugar, este esfuerzo nos da la razón a quienes mantenemos la esperanza en la construcción de un mundo mejor. A diferencia de lo que muchos desencantados o conformistas argumentan, hay personas capaces de luchar por sus ideales y por el bienestar de la sociedad, y de sacrificarse por ellos. En particular los jóvenes, cuyos rostros han ocupado la primera plana en estos y otros esfuerzos en el campo de la protección del ambiente y de la vida. Hay razones para tener esperanza, y nuestros jóvenes son una de ellas.


Y hay una segunda e importantísima lección: las y los caminantes dejaron múltiples testimonios del apoyo de la población, que comprende claramente la enorme devastación que los proyectos mineros representan, y el impresionante y negativo impacto sobre la rica flora y fauna y también, evidentemente, sobre la vida humana. Por ello la reafirmación de la conciencia de la gente fue uno de los principales logros que los participantes en la marcha han rescatado.


Una tercera lección es la repercusión que los temas ambientales tienen en el espacio público, tanto nacional como internacional. Y en este sentido es justo reconocer la cobertura que medios escritos y televisivos hicieron de la marcha y de sus alcances. El tema de la minería en nuestro país, al igual que otros asuntos problemáticos del campo ambiental, merecen hoy la atención de numerosas personas en las redes sociales y el interés de medios internacionales. La conflictividad ambiental es uno de los ámbitos en los que la ciudadanía planetaria irrumpe con fuerza: son cada vez más las personas que se saben hijos e hijas de la misma madre, la madre Tierra, y ligados por ello irremediablemente a su destino. Porque cuando hablamos de asuntos ambientales las fronteras se derrumban sin remedio y aparecemos todas y todos como hermanos, como habitantes de la misma casa y protegidos por el mismo regazo de una naturaleza generosa.


Las y los caminantes pedían la derogatoria de un decreto que declaró de interés público y de conveniencia nacional el Proyecto Crucitas. Tenebrosa herencia del gobierno Arias que además otorgó la concesión y levantó una moratoria indefinida que regía desde el año 2002. Acciones todas que además de abrirle la puerta a una actividad de tanto impacto negativo para el ambiente, han causado serios daños a la imagen internacional de un país que hizo de la protección de la naturaleza parte de su sello diferenciador indiscutible. ¿Por qué atentar contra tantos años de esfuerzos, de legislación y prácticas de vanguardia, reconocidas en todo el mundo?

Es innegable que Costa Rica debe buscar opciones para el desarrollo y la generación de empleo en las diferentes regiones del país. Pero hoy los expertos nos enseñan que esta aspiración es compatible con el respeto a la naturaleza: que el geoturismo, el ecoturismo, el establecimiento de centros de observación y estudio -con apoyo internacional- en zonas de rica biodiversidad son algunas de las formas en las que Costa Rica puede aspirar a ser un país desarrollado sin renunciar a uno de sus tesoros más preciados: su extraordinario y admirado patrimonio natural. ¡Bravo por los caminantes!



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