¡Pobres consumidores! PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 08 de Junio de 2010 12:38
Por Sonia Marta Mora

El joven tenía unos ojos risueños y percibía que yo manejaba alguna información que le resultaba urgente. En medio del bullicio del aeropuerto, en una gran ciudad en la que él y yo éramos extraños, nadie parecía tener tiempo para evacuar consultas. Y sí, dos datos bastaron para que el joven se tranquilizara y se sentara a esperar junto a mí. Nacido en India, las tecnologías de información lo habían llevado a una compañía mundial y a viajar por todo el mundo.


¿De dónde me dijo? De Costa Rica, contesté pausada. ¿Y su familia está bien? No entendí la pregunta, y él muy rápidamente me explicó que horas antes había escuchado que en ese país había habido, cerca de las 10 pm del día anterior, un terremoto de 6.1 grados El alma me dio un vuelco. El chico me ofreció de inmediato, mostrándome su computadora, comunicarme con mi familia. Y empezaron los intentos para conectarnos a la red. Fallidos los primeros tres, yo sugerí movernos a un negocio cercano que anunciaba internet gratis para sus clientes.


Y los intentos volvieron a empezar. Una red, otra y al fin, conectados. Ahora entrar a la página y llenar los requisitos. Sus datos personales -un nombre hermoso y para mí impronunciable-, números de identificacióny ya casi casi Otro formulario para pedir primero una tarjeta de cliente frecuente del negocio, y retirarla en el mostrador del frente para digitar ese código Desesperados miramos la fila de consumidores que esperaban ordenar me di por vencida y lo convencí de que era más rápido que yo hiciera una llamada.


Segundo round. Y mi teléfono descargado No se preocupe, me dice un amable vendedor de fragancias. Acá al ladito le venden una tarjeta telefónica y allí, nomasito, está el teléfono público. El equivalente de 5 dólares -se nos agotaron las otras- pero no ocupa monedas. Llamo al número sin costo que tiene anotado la tarjeta, escucho las instrucciones, marco apresurada el número del destinatario "Lo sentimos, el número no está registrado" ¿Qué? Marco dos números alternativos y nada. Intento por la operadora "necesita poner monedas, este número no es gratuito"Corro a buscar monedas Nadie tiene cambio. Una señora se conmueve y me regala dos. Y triunfante regreso al teléfono. Se traga la primera moneda, sigo minuciosamente las instrucciones y con la segunda la misma respuesta "el número no está registrado". El vendedor de fragancias se compadece y desde su computadora entra a la prensa nacional y no aparecen grandes titulares. Recobro, a fuerza, la calma

Ya en el avión reconstruyo la historia a una jovial señora mexicana, compañera de asiento. Me cuenta que en una tienda, en la que llenó su carrito de regalos atraída por un flamante 40% de descuento, llega a la caja y sí, tiene suerte, estamos de rebaja, nada más unos datitos para entregarle, totalmente gratis, nuestra tarjeta de fidelidad Y ahí toda la información: teléfono, identificación, profesión, número de cuenta en su país, ingresos aproximados La señora comenta la angustia con la que miraba el carrito cargado de piezas que había escogido por casi tres horas… y su tiempo se le había agotado La aeromoza nos devuelve a la realidad para vendernos un sándwich, y la señora se lamenta de no haber comido antes algo calientito porque en la versión impresa de su boleto decía "almuerzo" para este vuelo

Y a las y los consumidores… ¿quién podrá defendernos?



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