Por Sonia Marta Mora
Los países que logran caminar hacia un desarrollo con sello propio no consiguen este propósito, bien lo sabemos, como resultado de la casualidad. Entre otras acciones, éstos hacen un balance de su potencial y sus ventajas, y las analizan desde la perspectiva de sus aspiraciones.
Costa Rica, en diferentes momentos de su historia, ha logrado balances semejantes inspirándose, además, en la búsqueda del bienestar del mayor número. Actitudes visionarias como éstas fueron las que hicieron posible en el pasado decisiones que, por ejemplo, en el campo ambiental, empezaron a posicionar a Costa Rica en el plano internacional y a construirle, año tras año, prestigio y liderazgo en ese importante ámbito. Pero detrás de todo esto no solo hubo esfuerzo y voluntad, sino realidades, acciones que fueron dando sus frutos En los últimos meses la prensa nacional, por diversas vías, ha documentado la aparición de estudios y publicaciones, a nivel internacional, que prenden luces de alerta acerca de la sostenibilidad de estas decisiones, al contrastarlas con el desarrollo reciente de nuestro país. En este mismo Diario Extra, en su Página abierta, hace unos meses un artículo de Bernardo Aguilar, director ejecutivo de la Fundación Neotrópica, analizó el preocupante contenido de una publicación de la prestigiosa revista estadounidense Time, en una edición de octubre de 2009. En ella se señalan contradicciones entre programas de algo impacto publicitario como "Paz con la naturaleza" y la realidad del apoyo de la administración Arias Sánchez a la minería a cielo abierto, o el crecimiento descontrolado de las ciudades, sin que se haya impulsado una efectiva política de Estado para reorientar esta tendencia. Llama la atención Aguilar acerca de la urgencia de elaborar una agenda ambiental seria para Costa Rica en el momento actual.
Y más recientemente, una nota del periodista Sergio Arce en La Nación recoge las visiones de dos estudios internacionales que precisamente cuestionan la imagen ecologista del país. Una investigación es de National Geographic y la otra de una organización adscrita a una reconocida universidad de los Estados Unidos, la Universidad de Stanford. En el primer caso Costa Rica no aparece entre los países mejor calificados ni entre los que están bien, sino en una tercera categoría de naciones que están "en la cuerda floja". En el segundo caso, señala la nota, se cuestiona el levantamiento de grandes hoteles y complejos residenciales en Puntarenas y Guanacaste y su impacto en recursos naturales como flora, fauna, suelo, disponibilidad de agua, entre otros. Y ese camino destructivo y sin esperanza desde la naturaleza hacia el cemento ya lo conocen muchas ciudades costeras de América Latina.
Estas señales merecen atención y una respuesta prudente. De nuestros logros como país hay que seguir enorgulleciéndose, pero si no se atienden las alertas, corremos el riesgo de dormirnos sobre los logros del pasado sin darnos cuenta de que podemos estar empeñando seriamente el presente y el futuro. Y lo que es más grave, destruyendo un potencial que es clave para promover una forma de desarrollo original para Costa Rica. Para hacer este llamado está la ciencia, los expertos independientes, las universidades para tomar distancia de los discursos y analizar con rigurosidad los datos. Bien haríamos en escucharlos.
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