Por Sonia Marta Mora
¿Por qué ha causado tanto malestar –y dolor, me atrevo a decir– la desenfrenada carrera de seis bancadas legislativas para aumentarse su salario?
Esta podría parecer una pregunta innecesaria, por la obvia respuesta que convoca… Pero con mucha frecuencia las preguntas aparentemente inútiles conducen a explicaciones que, por contundentes, permanecen escondidas bajo toneladas de explicaciones engañosas. Veamos.
Quizás el malestar nace del momento en que tal proyecto de incremento salarial es impulsado por las bancadas del Partido Liberación Nacional, el Movimiento Libertario, el PUSC, el PASE, Restauración Nacional y Renovación Costarricense. Muchos ciudadanos se asombran ante la pretensión de legisladores que, sin haber dado aún pruebas de trabajo por el momento inicial de su integración al Congreso, prioricen, como proyecto inaugural, una decisión por la que obtienen beneficio personal inmediato. En contraste, numerosos proyectos que benefician a poblaciones desatendidas, o que tratan temas de alto interés colectivo permanecen olvidados. De “inoportuna”, para decir lo menos, califican algunos analistas esta acción de un número mayoritario de legisladores.
La indignación puede relacionarse también con lo que ciertas voces califican como el carácter “abusivo” del aumento. Y es que, en efecto, la propuesta eleva a casi el doble el salario de los diputados y diputadas. Pero además de la dimensión del incremento, la forma en que se ha planteado la discusión –o el deseo de evitarla y aprobarlo a marcha forzada– eleva el malestar de los ciudadanos. A sus ojos, lo que algunos defensores del proyecto califican como “mejoramiento” del salario, aparece, frente a la contundencia de los números, como un eufemismo, así como la supuesta discusión argumentada de una medida a la que se le diseña una vía ultra rápida que afecta la posibilidad de las bancadas opuestas al aumento –el PAC y el Frente Amplio– de profundizar el debate acerca de su conveniencia. Es elocuente que, como lo ha documentado la prensa, en muchas ocasiones los defensores rehúyan las declaraciones ante los periodistas… ¿Si es tan justo y tan conveniente, por qué perder estas oportunidades para convencer a la población? Pero hay una razón más profunda del malestar de la ciudadanía. Nuestro pueblo, bien lo sabemos, es noble y generoso. En la mayoría de sus corazones no hay espacio para la envidia o la mala fe. ¿Entonces, de dónde nace esta indignación? Precisamente del desencanto que les produce sentir que su confianza ha sido burlada, su buena fe traicionada. Porque hoy más que nunca los pueblos buscan caminos para recuperar la fe, y la actitud de algunos representantes populares desbarata y lastima esta confianza concedida con ilusión y nobleza.
Cierto es que los servidores públicos merecen remuneraciones dignas. Por ello este debate merece darse precisamente así, con dignidad. Y esto significa la propuesta de medidas razonables y proporcionadas, paulatinas, integrales y no solo dirigidas a un pequeño sector. Y digna debe ser también la forma de discutirse: de cara al sol, con argumentos contundentes y transparentes. Esto podría evitar que una ciudadanía desengañada esté pensando en qué puede estar detrás de una acción legislativa tan desatinada a primera vista: según algunos, la creación de “lealtades” mutuas y la conformación de un bloque que tenga incentivos para no discrepar durante la discusión de proyectos polémicos que ya están a las puertas de la agenda legislativa.
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