Sonia Marta Mora
Sin duda una víctima del discurso de despedida de don Oscar Arias es la objetividad. Desaprovechó la ocasión que a los demócratas convencidos les da la vida cuando deben rendir cuentas, con humildad, ante el pueblo que los eligió.
Esto hubiera implicado no solo el recuento de logros sino un balance sobre el estado del país que entrega al final de su mandato. Por ello hay una víctima más dramática de este discurso: la presidenta electa. Con él se generan expectativas que recaerán injustamente sobre doña Laura, sin haberse compartido con los costarricenses la dimensión de muchos desafíos que ella deberá enfrentar.
Y esta falta de coherencia entre discurso y realidad, característica de la política tradicional, no es un hecho aislado. Lo mismo se había manifestado, días antes, en una entrevista en CNN y ante un público internacional. Es justo reconocer que en dos de los temas tratados don Oscar ha sido coherente: el relativo a la crisis hondureña y a su lucha contra el gasto militar, aspiración que compartimos. ¡Pero qué lamentable su cátedra en temas clave del desarrollo democrático que no se sustentan en su acción como gobernante! Veamos.
Manifestaba don Oscar que la esencia de la democracia es la distribución del poder. ¡Yo no podía dar crédito a mis oídos! Porque una característica de su gobierno ha sido, precisamente, el esfuerzo tenaz por concentrarlo. Abundan los ejemplos de este rasgo de su mandato que ha puesto en cuestión la independencia de poderes, y que recientemente se ha expresado con nitidez en al menos dos hechos: el nombramiento de una persona a la cabeza ¡de la Defensoría de los Habitantes!, cuyo activo era su cercanía con el Ejecutivo, y la promoción de la imagen de su hermano en una campaña propagandística que no oculta la intención de promoverlo para el 2014 como parte de un sueño de continuidad infinita.
También decía don Oscar que un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla. Y tiene razón. ¿Entonces por qué su desdén hacia la oposición y sus líderes, su enojo ante periodistas críticos, su incapacidad para dialogar? ¿Por qué llamar con desprecio "extraterrestre"a quienes discrepan de sus medidas o “espíritus mezquinos” a quienes se atreven a criticarlo? Tan inocultable es este rasgo que ha provocado un esfuerzo en su sucesora por proyectar una imagen de apertura mediante acercamientos con la oposición, iniciativa que es justo reconocer y que habla por sí misma.
Don Oscar además impartió cátedra a todos los gobernantes del Continente acerca de la necesidad de cobrar impuestos a quienes pueden pagarlos, pero ¡nunca priorizó una reforma fiscal durante su mandato! Y sentenció acerca del imperativo ataque a la inseguridad y la disminución de la desigualdad, ¡en una Costa Rica cada vez más desigual! Y la entrevista da para mucho más Pero donde la distancia entre palabra y hechos se torna en delirio es en el campo del ambiente. Su llamado a protegerlo contrasta con su apoyo a la minería a cielo abierto, tema que redujo en la entrevista a la obediencia a una disposición de los tribunales, soslayando que él declaró el proyecto "de interés público" y de "conveniencia nacional".
No se vale, pienso como ciudadana, fortalecer una imagen internacional mediante un discurso sobre los deberes de un verdadero demócrata, si estos no se asumieron, con sinceridad, cuando se tuvo acceso al poder. Para un verdadero demócrata la imagen que sí importa es la de su Patria, y ésta solo se defiende si las palabras descansan en hechos.
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