Sonia Marta Mora
Un reciente hecho de la agenda cultural del país merece ser destacado y celebrado. Nos referimos a la inauguración de la Sala de colecciones especiales de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano.
Y es que lo que está detrás de esta iniciativa es nada menos que el cuidado, el estudio y el aprovechamiento del rico acervo histórico atesorado en colecciones de muy alto valor cultural. Un recorrido por la exposición de libros que ilumina los pasillos del sótano de la Biblioteca basta para convencernos de la importancia de esos tesoros bibliográficos con que contamos los costarricenses. Veamos.
• • La primera interpelación al visitante la constituyen muestras de mapas y planos, algunos que datan del siglo XVI, y que nos evocan ya la vida en esos pasados siglos, las familias que poblaron algunas ciudades, las costumbres, los territorios. Un fuerte llamado de identidad nos sacude. Y esto se complementa fuertemente con libros que reúnen imágenes de la Patria, fotografías que recuerdan la historia de nuestra gente, los paisajes, los oficios. No podían faltar en este periplo, evidentemente, las primeras ediciones de libros nacionales: volando sobre ellas reconstruimos la historia de nuestra literatura y el aporte de mujeres y hombres a quienes debemos pasos significativos de nuestras letras.
• • También hallamos libros autografiados por el puño y letra de sus autores, o textos en cuyas páginas quedó la huella de una persona destacada de nuestra historia. Con el libro reconstruimos sus desvelos y emociones. Manuscritos, textos que guardan las obras de ilustradores famosos, caricaturistas cuya producción nos vuelve a instalar en los problemas que ayer y hoy nos asedian como conjunto social. La muestra incluye relevantes documentos extranjeros que hablan de las influencias que dinamizaron nuestro recorrido histórico y que documentan también la belleza del libro como objeto, con materiales y diseños que seducen los sentidos.
• • Vale la pena hacer este recorrido y tener en cuenta que todo país que se respeta cuida y visita, valora y recorre sus colecciones de más fuerte significado histórico. Pero este esfuerzo no solo tiene importancia en sí mismo: se acompaña de fuertes y relevantes consecuencias. Una de ellas es que puede evidenciarse con más rigor –y dolor-, algunas de las eventuales “desapariciones misteriosas” de documentos históricos que son patrimonio de todas y todos los ciudadanos y que ya no están en nuestra Biblioteca. En segundo lugar, esta iniciativa refuerza una maravillosa oportunidad para realizar hallazgos, enderezar algunos “lugares comunes” reiterados sin suficiente fundamento, e identificar urgentes investigaciones pendientes. Con esfuerzos como éste el Sistema Nacional de Bibliotecas nos recuerda que hay mucho por descubrir en la historia de este pequeño país llamado Costa Rica.
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