Con razón ha seguido el mundo entero el proceso de rescate de 33 mineros atrapados en las profundidades de una mina en Chile.
Periodistas de todo el mundo, gobernantes, familiares se han mantenido atentos al desesperado esfuerzo por llevar a la superficie y sacar de la oscuridad, la humedad y la privación a un grupo de sencillos trabajadores que tras un accidente en el complejo minero quedaron prácticamente enterrados. El mensaje poderoso que se ha lanzado a todo el planeta ha sido el siguiente: “nada es más importante que la vida”… Y por ello todos los esfuerzos han sido necesarios y justificados.
Y también hoy, en Costa Rica, libramos una batalla de grandes proporciones por la vida. Se trata de la lucha contra la minería a cielo abierto en nuestro país. Significativamente, mientras Chile celebra el retorno de los trabajadores atrapados, en Costa Rica se cumplen dos años de un nefasto decreto ejecutivo que declaró un proyecto de minería a cielo abierto de “interés público y de conveniencia nacional”. Tal y como hemos comentado anteriormente, esta es una herencia del gobierno Arias que le abrió la puerta a una actividad de hondo impacto negativo para el ambiente, y que ha lesionado la imagen de Costa Rica en el ámbito internacional. Porque una de las decisiones más lúcidas de los costarricenses fue el convertir la protección de los bosques y de la rica biodiversidad en un sello, en una insignia, en un faro que ha iluminado nuestra Patria y que ha atraído a miles de turistas deseosos de recuperar una experiencia que en sus países es historia de un pasado lejano y perdido. ¿Por qué alejarnos de un camino que provoca la admiración en todo el mundo y que le asegura vida y promesa a las nuevas generaciones? Nuestro esfuerzo hoy más bien debería ser renovar, actualizar, fortalecer esta ruta de desarrollo que sí genera esperanza precisamente porque resguarda la vida.
Significativamente, mientras vibramos con la emoción de los chilenos que ante la adversidad refuerzan el valor superior de la vida, en Costa Rica se desarrolla un juicio contra el proyecto minero Crucitas, proceso que pretende resolver si en las resoluciones del Estado que permitieron la explotación de oro en esa región hubo ilegalidades. Y en este juicio numerosas contradicciones están saliendo a la luz pública. Pero lo que más golpea la conciencia es que mientras, con justificado júbilo, las familias de los mineros chilenos abrazan a sus familiares cuando son rescatados de las profundidades de la tierra, un grupo de costarricenses inician un ayuno frente a la Casa Presidencial como un desesperado recurso para frenar la destrucción de bosques y el grave riesgo para preciados recursos vitales como el agua. Ayunan jóvenes y personas mayores, habitantes de la ciudad y de las zonas rurales, hombres y mujeres. A su paso frente a los improvisados campamentos de quienes acudieron a este doloroso recurso pacífico, algunos vehículos suenan las bocinas para recordar que la armonía con la naturaleza es un ideal ya muy arraigado, venturosamente, en muchos costarricenses. Costa Rica no puede retroceder, no puede darle la espalda al futuro. Y el futuro es la lucha por la vida.