Por Sonia Marta Mora
Una impactante noticia internacional ha causado consternación en los últimos días. Ciudadanos de Guatemala fueron contagiados con sífilis y gonorrea, sin su consentimiento, en el marco de un estudio experimental realizado hace sesenta años.
La investigación, financiada por los Estados Unidos, pretendía comprobar la eficacia de la penicilina. Y aparentemente no está claro si todos los contaminados fueron sujeto de tratamientos, es decir, si fueron curados. ¿Y cómo salió a la luz esta tenebrosa información relativa a un hecho acontecido hace ya varias décadas? Una profesora de la Universidad de Wellesley, Massachusetts, docente de Estudios de la Mujer e historiadora médica fue quien dio a conocer el caso. Su informe se sustenta, al parecer, en documentos encontrados en archivos de la Universidad de Pittsburgh. Esta estudiosa publicó un artículo sobre el tema en una revista especializada, y posteriormente su informe llega a manos de las autoridades estadounidenses. Y es la Secretaria de Estado Hillary Clinton, en un primer momento, y luego el propio Presidente Obama el que se comunica con el mandatario guatemalteco en relación con este siniestro experimento para expresar su profundo pesar y para ofrecer disculpas.
Es así como un hecho –escalofriante por cierto-, sucedido en los años cuarenta y conocido sólo por un pequeño círculo, toma relevancia y trasciende a la opinión pública. Hizo bien, sin lugar a dudas, el gobierno del Presidente Obama al tomar la iniciativa y pedir perdón a los guatemaltecos ante un hecho de tal gravedad. El doloroso hallazgo, como tantas lecciones de la historia, muestra una vez más la importancia que en una sociedad tiene el esclarecimiento de la verdad, hermana inseparable de la justicia y de la libertad.
Y en esa búsqueda de la verdad las universidades, tal y como se ilustra con este caso, juegan un papel fundamental. De ahí la importancia de valores como la libertad de cátedra, en cuyo marco los profesores pueden investigar sin presiones, inspirados únicamente en el amor por el conocimiento y su difusión, e inspirados también en la búsqueda del bien común. También se promueve en las universidades el resguardo de la información, la conservación de archivos y documentos valiosos que contienen buena parte de la historia de un pueblo. Fue precisamente en la Universidad de Pittsburgh en la que, como en otras instituciones de educación superior de los Estados Unidos, pude beneficiarme directamente de la riqueza de las bibliotecas y de los sistemas de información de ese país, uno de sus grandes aportes a la creación y transmisión del conocimiento.
Para estudiar el doloroso caso que comentamos se conformó una comisión de expertos de Guatemala y de Estados Unidos. Justo y necesario es que se sepa toda la verdad. Y justo también que se profundice acerca de la importancia de la ética en el ejercicio de las profesiones – la medicina, en este caso- y se fortalezca el principio de respeto entre los pueblos, de forma que la vida y la salud de un ser humano, sea éste originario de cualquier país del orbe, merezca, realmente, la misma devoción y el mismo esmero. Que no impere el racismo o el interés mercantil que desprecia al ser humano, ni las visiones de superioridad de un pueblo sobre otro, todos ellos puntos de origen de grandes injusticias e inaceptables violaciones a los derechos humanos.
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