Las princesas azules PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 24 de Agosto de 2010 18:13
Nora Garita

“Las niñas ya no quieren ser princesas”, dice Sabina mientras le canta a su ciudad, Madrid. Hablando de princesas, el grupo de teatro Archipiélago presenta la obra “Las princesas azules”, en el Museo Juan Santamaría de Alajuela.

Cuatro jóvenes actrices, dirigidas por la dramaturga Ailyn Morera, entre risas, cantos, cuentos, logran mostrar el proceso por medio del cual la cultura nos moldea los roles genéricos de hombre y de mujer. Escenografía modesta, juego de luces mínimo, y sin embargo, el espectáculo no cesa de provocar risa durante hora y media. Tal vez porque el texto mismo está construido con referentes del imaginario infantil, la reflexión que provoca no la produce ni una construcción de personajes, ni situaciones dramáticas fuertes, sino algo lúdico, casi como un juego que se establece entre las actrices y el público.


¿Qué les parece una Cucarachita Mandinga que va al gimnasio mientras el Ratón Pérez prepara el arroz con leche? Al nacer la Bella Durmiente, las hadas madrinas le obsequian dones: belleza, canto, danza... ¿Y saben qué pidió el público a gritos? ¡Inteligencia! Este clamor del público fue muy importante, porque esas construcciones de género masculino-femenino aparecen siempre como polos opuestos: lo femenino, pasivo; lo masculino, activo; lo masculino, racional; lo femenino, afectivo. Polos que jerarquizan los géneros. Cuando el público pedía inteligencia para la Bella Durmiente, estaba mostrando que algo se ha avanzado en la paridad de géneros. Pues bien, esa Bella Durmiente, descansa en espera del Príncipe Azul que la despierte del sueño. Espera cinco años, diez años, cuarenta años. Hasta que, en la obra, recuerda que de algo sirve la inteligencia y empieza a despertar por sí misma. Camina sola, se abre al mundo sola. Cuando el Príncipe aparece, ya se pueden hacer amigos y cada uno puede decidir su camino.

En la historia de Cenicienta, las hermanastras viven su feminidad como un artificio de belleza y añoran ser escogidas por el Príncipe Azul. Pero la subversión que presenta la obra es que Cenicienta, en sus ratos de descanso, lee tanto que logra encantar al príncipe con su conversación. Eso es parte de su belleza.


Algunos monólogos resultan un poquito largos, en contraste con el dinamismo del canto y la danza de cada historia. Un detalle crítico: el parlamento se le enredó a una actriz.

Pero es tan simpática la obra, que podría ser un insumo importante para discusiones en colegios y escuelas. El correo electrónico del grupo es Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Tal vez pronto nuestros niños y niñas, cuando canten “La patita, de canasta y con rebozo de bolita”, no piensen que hay un pato “sinvergüenza y perezoso” sino que le canten al patito compañero en igualdad de responsabilidades, capacidades y derechos. Un mundo sin príncipes ni princesas azules, sino de hombres y mujeres en condiciones de equidad.



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Comentarios (2)
2 Lunes 08 de Agosto de 2011 03:15
sania
muy buena deconstrucción de los cuentos y canciones, FELICIDADES, además de muy buenas interpretaciones, gracias por hacer lo que hacen.
1 Sábado 28 de Agosto de 2010 20:59
Alejandra Solórzano (Productora de Teatro Archipiélago)
Estimada Nora,

Agradecemos tu "mirada" sobre nuestra propuesta crítico-estética- en Las Princesas Azules.

Queremos pedirte tu correo electrónico y celular, para invitarte a las próximas presentaciones, quizá hayan colegas tuyas que deseen ver el trabajo y por qué no, llevarlo a sus espacios de educación.

Estaremos presentándonos en el Centro para Las Artes CPA de la Universidad Nacional el próximo 3 y 4 de Setiembre a las 7pm y el 5 de setiembre a las 3pm.

Confírmanos si vas a llegar, para dejarte una invitación personal en la entrada.

Esperamos tus datos y respuesta.

Gracias de nuevo y un abrazo fuerte de Teatro Archipiélago
 

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