¿Ayudan los libros de autoayuda? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 29 de Junio de 2010 12:43
Nora Garita

Hubo en El Cairo un hombre, cuenta Jorge Luis Borges, que bajo la higuera de su jardín, soñó encontrar fortuna en Persia. El hombre emprendió el viaje hasta Isfaján, donde recibió unos azotes al ser confundido con bandoleros. El capitán que ordenó la paliza le cuenta que él soñó con una higuera en El Cairo, en cuya sombra hay una fuente bajo la cual hay un tesoro. Mohamed El Magrebí, que así se llamaba el hombre, regresó a su jardín donde encontró el tesoro.

Mi prima Ana Cristina, que me prestó ese relato de Borges, me dio también otro libro: El Alquimista, de Paulo Coelho. Cuenta la historia del pastor Santiago quien una noche en una iglesia abandonada, bajo un sicomoro, soñó que un niño lo llevaba hasta las Pirámides de Egipto donde encontraría un tesoro escondido. El pastor emprende la travesía hasta llegar a las Pirámides donde un asaltante le cuenta un sueño repetitivo: en una iglesia en ruinas donde los pastores dormían con sus ovejas, crecía un sicomoro bajo cuyas raíces se encontraba un tesoro escondido. Santiago retorna a España donde, bajo las raíces del sicomoro, encuentra su tesoro.


Tan similar hilo narrativo, sin embargo, sostiene dos textos de naturaleza diferente. En Borges no hay explicaciones sino enigmas para el lector. En El Alquimista, el recorrido geográfico de Santiago está lleno de reflexiones, moralejas y comentarios que van construyendo una línea de lectura dirigida. La receta para hornear “un alquimista” es simple. Ponga una pizca de lugares comunes: el alma gemela, “cada uno tiene su manera de aprender”; añada cinco cucharones de optimismo: “cuando se quiere alguna cosa, el Universo siempre conspira a favor”, “solo una cosa torna un sueño imposible: el miedo a fracasar”. No puede faltar el ingrediente principal: la sabiduría se deposita en un sabio, un alquimista, quien inicia al otro en el conocimiento del bien, del mal, de la muerte y de la vida.

El relato de Borges interroga. Se abre a múltiples interpretaciones, tantas como ojos recorren el texto. El otro, tiene la receta de la felicidad.

¿Cuáles malestares profundos nos hacen recurrir a los libros llamados de autoayuda? ¿Será que vivimos en sociedades más laicas en las cuales la religión dejó de ser el consuelo de los afligidos? ¿Son hoy estos libros los oficiantes de la paz espiritual? ¿Podríamos comprender los nuevos “malestares en la civilización” a partir de los títulos de autoayuda?

Los libros de autoayuda muestran la sociedad de la que son producto: se erige el éxito monetario como el valor supremo, se promulgan soluciones individualizadas, no se atacan los problemas sociales en forma social, sino que se los presenta como un problema mental individual. La solución a la pobreza consiste en imaginar un tesoro, ¿qué les parece?
El verdadero tesoro es el libro que, en vez de respuestas únicas, nos abre el horizonte de pensamiento. ¿Mis amigos? Están ahí, en mi biblioteca. Son mi tesoro.



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Comentarios (1)
1 Martes 14 de Junio de 2011 23:27
marcela
cual es el verdadero tesoro de santiago en la obra el alquimista
 

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