Hacer de Costa Rica un país seguro PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 08 de Junio de 2010 12:31
Nora Garita

Es cierto que la delincuencia ha crecido en Costa Rica. Pero más ha crecido la sensación de inseguridad. Es probable que usted haya reforzado la seguridad de su casa y que, por otra parte, espera que el Estado implemente políticas adecuadas.

El tema de la seguridad no se resuelve a simple garrote. La seguridad humana engloba muchos componentes: seguridad alimentaria, seguridad ambiental (¿tendremos todos agua potable? por ejemplo), seguridad de un entorno que facilite el desarrollo pleno de las personas. Por eso es que la mejor política criminal es una buena política social, que elimine la delincuencia antes de que nazca.


Han ocurrido algunos hechos recientemente que merecen prestarles atención. El 13 de mayo, un grupo de jóvenes de secundaria protestaron por medidas del director, un asunto en torno al pantalón: “de tubo” o “no de tubo”. Intervino la policía de manera violenta, golpeando a los estudiantes. ¿No era mejor el diálogo con los alumnos, en vez de una intervención agresiva? Olvidó el director aquella hermosa frase emitida por los estudiantes de Córdoba en 1918: “La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando”. Aquí estaba en juego la educación, no la seguridad nacional. Los antimotines, sin embargo, usaron toda su fuerza contra menores.

Llama la atención la serie de intervenciones policiales que se han dado, todas con saldos de heridos. No me refiero a allanamientos para desarticular bandas delictivas, no. Me refiero a intervenciones policiales cada vez que hay un grupo social que manifiesta algún descontento. El 8 de mayo, un grupo de personas distribuía volantes en la avenida central; fueron rodeados por agentes armados con subametralladoras y les decomisaron los volantes. Confieso que ignoro el contenido de los volantes, pero pregunto: ¿no hay aquí violación del derecho de expresión?
El 12 de abril en la Universidad de Costa Rica, la policía, en lugar de coordinar un operativo (con respeto a la autonomía universitaria) invade y garrotea. Para recordar un solo ejemplo: al ver cómo golpeaban a los estudiantes, el joven profesor Aron Moya, salió de su clase y le gritó a la policía: ¡Fuera, fuera! Ese grito le valió una golpiza hasta provocarle heridas.


Hay más en la lista. Lo que pareciera es que se le da el mismo tratamiento otorgado a bandas criminales que a todo grupo que manifieste desacuerdo. Eso ha ocurrido en otros países de dudosa trayectoria democrática, en los que se criminaliza la protesta social. Por eso en Costa Rica el tema de la seguridad es más complejo. El asunto aquí debe plantearse en términos de seguridad democrática.

En una democracia no pueden violentarse los derechos de expresión, ni ver la diferencia o el disenso como delitos. Hacer de Costa Rica un país más seguro pasa por profundizar la democracia con más democracia. Para que esté “siempre libre, ostentando alegría”.



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Comentarios (2)
2 Martes 08 de Junio de 2010 20:56
C.L.
Excelente enfoque en la denuncia que hace doña Nora. Concuerdo con que no se debe provocar y agredir a los que marchan y protestan ejerciendo su legítimo derecho a disentir del gobierno. Pero a quienes andan haciendo actos vandálicos, a esos sí que se les aplique toda la fuerza de la ley.
1 Martes 08 de Junio de 2010 18:41
R. Mora
Concuerdo con la autora en que la inseguridad de nuestro medio no se resuelve con más violencia, pero cuando el diálogo y la prevención se agotan que nos queda?
No pueden ocultarse las imágenes de ya no jóvenes estudiantes sino seudodelincuentes con sus caras cubiertas "para que mami no los vea", escudándose en la multitud e insultando y causando daños a propios y terceros.
Lamento que deba recurrirse a la fuerza para detener a estos gamberros, pero de otra manera estos incidentes puede desbocarse en un caos incontrolable.
 

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