Nora Garita
En tiempos de mis abuelos moría mucha gente “picada de culebra”. Así se decía. Hoy día, hay cerca de 600 casos anuales de envenenamiento por mordedura de serpientes, pero muy pocos mueren.
La baja en las muertes se le debe en gran medida al Instituto Clodomiro Picado que estudia, previene y trata los envenenamientos. Ha producido un millón trescientos mil frascos de sueros antiofídicos, que se distribuyen en toda Centro América, Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú. Su nombre rinde homenaje a “don Clorito”, científico costarricense que inició el estudio del veneno de serpientes en Costa Rica.
En la década de los años sesenta, se unieron esfuerzos del Ministerio de Salud, la Universidad de Costa Rica y la embajada de los Estados Unidos para producir sueros antiofídicos en el país. Tantos fueron los avances, que se planteó la necesidad de abrir un Instituto. En 1972 se firma un convenio entre el Ministerio de Salud y la Universidad de Costa Rica, y el Instituto pasa a ser una unidad de investigación de ésta.
Sus logros lo ubican entre los Institutos de más prestigio en América Latina. Actualmente tiene proyectos de producción de sueros que se destinarán a las poblaciones de Nigeria, Papúa y Nueva Guinea. Además de investigación del más alto rigor, el Instituto Clodomiro Picado imparte cursos en la Facultad de Microbiología y realiza una intensa labor de acción social. Ha dado capacitaciones sobre producción y control de calidad en Venezuela, Colombia, Argentina y Perú. Ha impartido capacitaciones al personal de los hospitales y clínicas periféricas del país, Cruz Roja y Fuerza Pública.
El 10 de febrero de este año, la Ministra de Salud comunica que no va a renovar el convenio que permite el uso gratuito de los terrenos por parte del Instituto, pues el Ministerio de Salud va a dar capacitación en recursos humanos en esos locales. Ha ofrecido a la Universidad venderle los terrenos en casi un millón de dólares. En un artículo recién publicado, dice la doctora Ávila: “Como jerarca del Ministerio de Salud, uno de mis principales deberes es proteger los bienes del Estado y darles el uso más adecuado, donde la institución que represento no se vea perjudicada en sus intereses”. No dudamos de su genuino afán, pero tal vez la señora Ministra no ha pensado que proteger al Instituto es proteger también la salud como bien público. Por la inmensa cantidad de equipo de laboratorio, un desalojo del Instituto sería un desastre. Su ocupación actual de los locales en nada desprotege al Estado costarricense.
¿Qué haría el Ministerio de Salud sin el Clodomiro Picado? ¿Compraría a multinacionales los antivenenos que produce aquí el Instituto? Ojalá se resuelva esto pronto, en un diálogo donde la argumentación no se plantee solo en términos de rentabilidad económica, sino que tenga presente el rol histórico que el Instituto ha tenido con la salud de la población costarricense.
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