Los “sucesos” y la libertad de prensa PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 02 de Marzo de 2010 04:06
Nora Garita

El teatro era el espacio de formación de la opinión y los dramaturgos fueron los intérpretes de la vida social. La aparición de la prensa, con su rol fundamental en la creación de opinión pública, fue vista por algunos como una usurpación del rol reservado al teatro.

Todo eso dijo uno de los más destacados historiadores contemporáneos, Roger Chartier, en su reciente visita a Costa Rica. Cuenta Chartier cómo en el S.XVII, en Europa, existía el negocio de vender noticias a los suscriptores. Escritas a mano, circulaban entre ciertos clientes interesados. La aparición de periódicos no hizo desaparecer esos manuscritos, que circulaban libremente, burlando la censura de la corona. En Francia, decía Chartier, la actividad editorial del S.XVII requería protección monárquica. Circulaban gacetas que se movían en la tensión entre la divulgación de asuntos públicos y el control de lo publicado. Circulaban también impresos que, burlando el monopolio real, nutrían la reflexión y la polémica.

***

Al escuchar al Dr. Chartier, yo pensaba que toda publicación se encuentra en la encrucijada de la libertad de expresión, el derecho a la información y la censura. Recordé un cuento que se los voy a narrar:

"Había una vez un cartero que, todas las mañanas, se ponía el uniforme y se iba de casa en casa a repartir la correspondencia. Un día, las autoridades descubrieron paquetes enormes de cartas no entregadas. El cartero confesó que solo había llevado a destino las cartas que transmitían noticias buenas. Lo encerraron en el asilo de locos, pues solo la locura explicaba tal conducta. Ya en el asilo, el cartero pidió uniforme y todas las mañanas repartía sobres. âl mismo escribía las cartas: una declaración de amor para la mujer de aquel rincón, un agradecimiento de un hijo para el loco del pabellón 43. Un día el médico le preguntó por qué hacía eso, y respondió: “¡Para no volverme loco!

***

En Costa Rica disfrutamos del derecho constitucional de la libertad de expresión. Aquí circulan manuscritos, libros, voces en las radios, chats por Internet. Eso nos fortalece como democracia. Pero a veces uno quisiera que un cartero loco fuera el director de los noticieros de televisión y pautara un día las buenas nuevas: las historias de amor, los proyectos productivos exitosos, los logros de nuestros jóvenes matletas. Un loco que, para no volvernos locos, hiciera circular manuscritos los resultados de tantas investigaciones que se hacen en las universidades, que pusiera en la pantalla de la tele a Lil Picado recibiendo el premio nacional de poesía en vez de un asesinato.

Porque a fuerza de ver solo sucesos, cualquier país sobredimensiona el miedo y podría endurec\r en exceso su política penal. El desafío es hacer un uso responsable de la libertad de prensa, compatible con el derecho de la información que tenemos los y las ciudadanas.



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