Los ambulantesde don Johnny PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 20 de Octubre de 2009 17:36
Nora Garita

Apareció un policía en el noticiero, contando cómo los vendedores ambulantes los agraden cuando ellos los expulsan o les cierran las ventas. Luego, la cámara mostró unas señoras furiosas, pegando gritos. Finalmente, don Johnny, muy elegante en la pantalla, prometiendo que él limpiará la ciudad de tanto ambulante.

La estructura de la noticia es la misma que la de una película del oeste: los héroes, los policías; los malos, los vendedores ambulantes y el superhéroe, el alcalde.

La noticia podría haberse estructurado de otra manera: los buenos, la gente que sobrevive vendiendo tomates, lotería, bolsas plásticas, prensas, limpiones. Los malos, los que los expulsan y el periodista preguntando al alcalde ¿qué solución les propone a estas gentes?
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Si los ambulantes son la cobertura de mafias, como insinúa don Johnny, ¿por qué no se hace un trabajo de inteligencia para capturar esas mafias delictivas? A palos y gases no se descubren las mafias. Lo peor: ¡a garrotazos! contra gente que sobrevive vendiendo lo que puede.

Tanto que viaja el alcalde, y no ha visto cómo en todas las grandes ciudades hay ambulantes, artesanos, múltiples pasantes. La ciudad es una hermosa invención humana integrada por quienes la habitan o transitan. Lo que se hace en otras latitudes es buscar lugares apropiados para los artistas, los artesanos, los vendedores, o regular ciertas conductas a favor de la convivencia.

Lo que ensucia y afea la ciudad no son las personas. Lo que afea la Plaza de la Soledad son los adefesios que puso la municipalidad al lado de la Iglesia, que rompen la armonía del sitio histórico, en el que Iglesia, Plaza, Casa San Pancracio, nos remontan a un momento memorable de la historia de la capital. No se trata de “ornamentar” la ciudad con adoquines y hierro. Hay que respetar las huellas históricas y sobre todo, solucionar la convivencia de las personas.

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Don Johnny ha mejorado los boulevares, los parques, pero nunca ha podido incorporar el elemento humano a sus políticas. Los marimberos que tocaban frente al correo, le estorbaban. A los artesanos les propone una falsa solución pues, para echarlos, les ofrece El Frontón, que se está cayendo. A los vendedores ambulantes, los garrotea. Don Johnny ve a la ciudad como un centro de inversión económica, no como el espacio de convivencia e interacción humana que es. ¿Y dónde está el “poder de la gente”?
Cuando el alcalde de Nueva York comenzó a implementar la “mano dura”, lo que ganó fue incrementar el número de cárceles y el número de delincuentes.

¿Será posible buscar una solución “a la tica” al problema de quienes tienen que sobrevivir deambulando, o el de quienes tienen que asumir el día a día vendiendo lo que haya? El desafío es integrarlos, no garrotearlos.



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