Nora Garita
La sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo fue leída cerca de las cuatro de la tarde: se anuló la concesión a Industrias Infinito para realizar el proyecto minero Crucitas, en Cutris de San Carlos. Rara vez un “por tanto” ha generado tal alegría en el país.
Este juicio evidenció dos conceptos de desarrollo, no solo antagónicos sino de consecuencias radicalmente diferentes en el futuro.
Uno de estos conceptos, el más viejo, el que ya mostró adonde ha llevado al planeta entero, se centra en la idea de que lo importante es el crecimiento económico. Afirman quienes así piensan, que “el desarrollo de los pueblos depende del monto de inversión”. Son los que muestran espejitos a los pueblos haciéndoles creer que, por ejemplo, sería una tragedia no aceptar el empleo que genera una transnacional como Infinito Gold. En el caso de Crucitas, el espejito de unos pocos empleos duraría diez años, se va el oro infinitamente y quedaría una devastación infinita. Ese concepto de desarrollo es el que ha generado en el planeta el cambio climático, el que ha creado catástrofes infinitas, inundaciones y deforestaciones infinitas.
El tribunal halló ilegalidades en los permisos y señaló daños ambientales producidos por la tala de almendros en Cutris. ¿Son esos daños infinitos a lo que se considera de “interés nacional”? La otra visión del desarrollo se ha ido forjando al comprender que no tiene sentido el crecimiento si se impacta negativamente el ambiente. Desde 1991, el Grupo Intergubernamental sobre cambio climático emitió un informe, con estudios de 400 científicos, alertando sobre el cambio climático en el planeta. El primer requisito entonces para lograr el desarrollo es que se haga protegiendo al ambiente. El otro elemento indispensable es que no tiene sentido el crecimiento económico, si este concentra sus beneficios en pocas manos y genera exclusión y pobreza en otros. Hay valores, entonces, que sustentan la búsqueda del desarrollo: equidad, justicia, armonía con el ambiente.
El daño al planeta tierra es tan grande, que matar la vida en cualquiera de sus formas es matarse como especie. Es lo que Hinkelammert llama “el asesino suicida”. Las formas de lucha con las que se logró este triunfo de defensa del interés nacional han sido congruentes y hermosas como la vida misma: caminatas, ayunos, apoyos comunitarios, la valentía de lanzarse a este juicio. Cuando alguno pretenda, en nombre del interés supuestamente nacional.... verás a Jorge Lobo, David Rojas, Yamileth Astorga, Gabriela Cuadrado, Edgar Fernández, Alvaro Sagot, Edgardo Araya, Bernal Gamboa. Verás catorce ayunantes. Verás encenderse miles de velitas en vigilias por la vida de las lapas, los almendros, las niñas y niños de La Ceiba.
No todo lo que brilla es oro: hay espejismos brillantes sin valor. Las aguas de los ríos brillan cuando no están contaminadas de cianuro. Y la vida es infinitamente más valiosa que lo que pesa en oro.
|