Ay Nicaragua, Nicaragüita PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Miércoles 20 de Octubre de 2010 05:13

Nora Garita

Acaba de estrenarse en las salas de cine la película “El último comandante”, producción brasileña-costarricense dirigida por Isabel Martínez y Vicente Ferraz.

De la revolución sandinista el filme nos muestra poco: unas tomas de archivo del fervor del inicio, las campañas de vacunación y las de alfabetización. Más avanzada la película, unas primeras páginas de periódicos cuyos titulares se refieren a la piñata y la foto de doña Violeta con los brazos abiertos. Pero de lo que se trata es de una historia de personajes. Su protagonista, el comandante Paco Jarquín, abandona los ideales revolucionarios por perseguir su sueño personal: abrir un salón donde se baile cha cha chá. Es una especie de utopía del pasado, puesto que ya los gustos van cambiando, la gente prefiere los pollos fritos de cadenas internacionales al cha cha chá, y la ciudad transforma los salones de baile para hacer parqueos. El espacio social lo construye la música: el himno sandinista, “sóngoro quiñá quiñá”, “perdón vida de mi vida”, todos los ritmos populares del San José deteriorado y pobre. La voz de la conciencia también la hace la música: “ay Nicaragua Nicaragüita” interpela y recuerda los ideales y sueños de una revolución dolorosamente fallida.


El elenco, todo, es excelente. El comandante Jarquín, actuado por Damián Alcázar, sostiene impecable el desarrollo del drama. Es el personaje mejor construido: mujeriego, perdedor, incapaz de sostener vínculos afectivos, su pasión es el baile y el cha cha chá termina por hacerlo, como sus zapatos, un tipo ideal de bailador de cha cha chá. Bien merecido el premio al mejor actor, compartido con Alfredo Catania, otorgado en el Festival Iberoamericano de Cine Ceará del 2010. Catania construye un personaje lleno de ternura, él es “la conciencia de una época en la que todos éramos mejores”. Una hermosa actuación de Thelma Darkings, quien interpreta al personaje Marvin Rosa, la cantante limonense que deja el mundo de la radio por amor y que es también voz de la conciencia: “¡Nos usaste a todos!” Incluso el ejército nicaragüense actúa bien en las escenas de guerra.

Podríamos decir que la película tiene un fin feliz, pues el comandante Jarquín, como en un paso de baile, gira sobre su propia vida y quiere re-encontrarse a sí mismo; solo que su movimiento es hacia el pasado, también a contrapelo de los tiempos. Cuando “todos” salen de Nicaragua, él remonta el San Juan, en un hermoso atardecer, a retomar su Nicaragua Nicaragüita.


No es mi intención hacer aquí una crítica de cine, sino invitarlos a ver esta película tan hermosamente latinoamericana, que nos interroga sobre la historia reciente de nuestra región. ¿Qué fue de los otros comandantes? ¿Les habrá temblado la mano ante el fajo de billetes destinados a la revolución? ¿Cómo fue el proceso en el que se cayeron a pedazos los ideales y sueños de aquella revolución? Ay Nicaragua, Nicaragüita...



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