El sanatorio Durán PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Miércoles 13 de Octubre de 2010 04:18
Nora Garita

Si no ha bailado el siguiente bolero, al menos lo ha escuchado: “Nosotros/ que nos queremos tanto/debemos separarnos/ no me preguntes más/ No es falta de cariño/te quiero con el alma/ te juro que te adoro/ y en nombre de este amor/y por tu bien/ te digo adiós”.

Cuentan los vecinos del Sanatorio Durán, que esa canción la compuso un enamorado enfermo de tuberculosis al despedirse para siempre de su amada e internarse en el asilo. En ese entonces, el enfermo era encerrado en un espacio aislado, pues él era visto como un peligro para la sociedad.


A inicios del siglo veinte, la tuberculosis era un flagelo mortal y no existían los fármacos para su cura, mucho menos la vacuna BCG que se emplea hoy día. Desde 1915 el país decide hacer un centro hospitalario especializado, que empezó a funcionar en 1918. Un médico, que ocupó destacados puestos políticos y había sido rector de la Universidad, el Dr. Carlos Durán Cartín, emerge como figura emblemática de ese período de la historia de la medicina y la lucha contra la tuberculosis. Tenía, además de su compromiso profesional, una profunda motivación personal: una hija suya había tenido tuberculosis y logró sanarse en los Estados Unidos.

En ese entonces se trataba de disminuir factores que propiciaran la enfermedad: había que mejorar la alimentación, tener aire puro, clima frío. Las monjas de la caridad de Santa Ana se ocuparon del cuido de los enfermos. Para atenuar el dolor del aislamiento y el encierro, el Sanatorio Durán tenía hermosos rosales, praderas con vacas, una capilla de madera, una panadería. Había una pulpería, donde se vendía jabón, pasta de dientes y se daba crédito a los clientes. Un mundo que hiciera olvidar el mundo exterior. Un retorno a la naturaleza que haría “triunfar a la naturaleza” (Foucault, 1994). Empezó con cien pacientes (Acta Médica Costarricense, vol. 51). Al segundo año, ya los había duplicado. A los pocos años, se acondiciona una unidad móvil de rayos X que recorre el país, detectando casos de tuberculosis. Muchas madres tuvieron que dejar a sus hijos, muchos padres proveedores dejaron a sus familias. Entraban con una condena de muerte en los pulmones, pero muchos salieron con vida.


En estos momentos un grupo de antropólogos realiza una arqueología histórica del Sanatorio Durán: Faride Mena, Pablo Barquero, Monserrat Rojas, dirigidos por Ana Arias y con la colaboración de Floria Arrea. Ellos unen su esfuerzo al de los vecinos, que piden una declaratoria de las instalaciones como patrimonio histórico.

Actualmente parte de las instalaciones se alquilan a grupos de adolescentes que hacen guerras de pintura en las paredes y otra parte de las instalaciones se le ha asignado a Upanacional. La declaratoria patrimonial permitiría darle un lugar en la memoria de la historia de la salud pública costarricense. La arquitectura del sanatorio es el vestigio de muchos dolores, muchas historias entrelazadas en los rosales del encierro.



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Comentarios (1)
1 Lunes 30 de Enero de 2012 19:43
fabiana
q miedo la primera ves q fui mi hermano me pego un susto q casi quiebro el techo del salto q pegue y vi a una monja limpiando la ventana y una herradura llena de sangre
 

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