| El sanatorio Durán |
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| Escrito por Redacción |
| Miércoles 13 de Octubre de 2010 04:18 |
Nora Garita
Cuentan los vecinos del Sanatorio Durán, que esa canción la compuso un enamorado enfermo de tuberculosis al despedirse para siempre de su amada e internarse en el asilo. En ese entonces, el enfermo era encerrado en un espacio aislado, pues él era visto como un peligro para la sociedad.
En ese entonces se trataba de disminuir factores que propiciaran la enfermedad: había que mejorar la alimentación, tener aire puro, clima frío. Las monjas de la caridad de Santa Ana se ocuparon del cuido de los enfermos. Para atenuar el dolor del aislamiento y el encierro, el Sanatorio Durán tenía hermosos rosales, praderas con vacas, una capilla de madera, una panadería. Había una pulpería, donde se vendía jabón, pasta de dientes y se daba crédito a los clientes. Un mundo que hiciera olvidar el mundo exterior. Un retorno a la naturaleza que haría “triunfar a la naturaleza” (Foucault, 1994). Empezó con cien pacientes (Acta Médica Costarricense, vol. 51). Al segundo año, ya los había duplicado. A los pocos años, se acondiciona una unidad móvil de rayos X que recorre el país, detectando casos de tuberculosis. Muchas madres tuvieron que dejar a sus hijos, muchos padres proveedores dejaron a sus familias. Entraban con una condena de muerte en los pulmones, pero muchos salieron con vida.
Actualmente parte de las instalaciones se alquilan a grupos de adolescentes que hacen guerras de pintura en las paredes y otra parte de las instalaciones se le ha asignado a Upanacional. La declaratoria patrimonial permitiría darle un lugar en la memoria de la historia de la salud pública costarricense. La arquitectura del sanatorio es el vestigio de muchos dolores, muchas historias entrelazadas en los rosales del encierro. Agregue su comentario
Comentarios (1)
miedo
1
Lunes 30 de Enero de 2012 19:43
fabiana
q miedo la primera ves q fui mi hermano me pego un susto q casi quiebro el techo del salto q pegue y vi a una monja limpiando la ventana y una herradura llena de sangre
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Si no ha bailado el siguiente bolero, al menos lo ha escuchado: “Nosotros/ que nos queremos tanto/debemos separarnos/ no me preguntes más/ No es falta de cariño/te quiero con el alma/ te juro que te adoro/ y en nombre de este amor/y por tu bien/ te digo adiós”.







