Jaime Ordóñez
El ataque del ejército israelí del pasado 30 de mayo contra una flotilla de barcos de activistas humanitarios, totalmente desarmados, que buscaba llegar la Franja de Gaza para ayudar a decenas de miles refugiados-- ataque militar que cobró la vida de 10 personas--
constituye no sólo uno un hecho bélico salvaje e innecesario (quizá el más grave de los últimos años), sino además un profundo error político de Tel Aviv. Desde el punto de vista del derecho humanitario, constituye un serio crimen de guerra. De acuerdo a los Protocolos de Ginebra, el ataque y bombardeo contra civiles desarmados califica, sin duda, como crimen de lesa humanidad. Desde el punto de vista político, supone un gravísimo error por varias razones.
En primer término, el gobierno de Netanyahu se enfrenta con Turquía (patria de la mayoría de activistas humanitarios muertos), y pierde prácticamente su único aliado en el Medio Oriente, contribuyendo al aislamiento internacional que Israel se ha ganado en los últimos años. En segundo término, desmorona los pocos avances de la Hoja de Ruta dirigidos a un acuerdo de paz con la Autoridad Palestina. Este burdo ataque de Israel erosiona indirectamente al gobierno del presidente palestino Mahmud Abbas y, paradójicamente, legitima a Hamas y a los sectores más radicales del mundo islámico.
A lo anterior se suma la decisión de Tel Aviv, también repudiada por la comunidad internacional, de establecer un bloqueo total sobre 1.5 millones de personas que viven en la Franja de Gaza en condiciones de suma pobreza y carencias alimenticias. Se trata de un acto profundamente inhumano, al cual se ha opuesto el Consejo de Seguridad de la ONU, la Administración Obama, la Unión Europea, y ha generado el odio creciente del mundo árabe. Incluso el gobierno de Egipto, históricamente mediador en la zona, desde hace tiempo dejó de tender puentes de diálogo con Israel. Netanyahu y su política están incendiando la zona. Allí están las paradojas de esa torpeza: el peligro de una intifada generalizada, nuevo oxígeno y credibilidad para Hamas, y el destrozo de cualquier avance para una nueva Hoja de Ruta en el Medio Oriente. Pocas veces la situación ha sido tan precaria.- Con esta política de Netanyahu, Israel es hoy el peor enemigo de Israel. Lástima, porque se trata de una nación en muchos sentidos admirable. Sin embargo, con estos hechos se echa lodo a su propia cara.
Nota final. Esta columna se escribe desde Costa Rica, un país históricamente defensor de los derechos humanos y del derecho humanitario. Sin embargo, la nota de la Cancillería ha sido timorata y poco directa, ante un hecho de suma gravedad. En nada se parece a las declaraciones de otros países, incluidos los EEUU, la UE, o la declaración del Consejo de Seguridad. Toda la comunidad internacional ha repudiado el hecho con fuerza. Pero Costa Rica no. Mal síntoma. No quisiéramos creer que grupos de interés internos están influyendo en nuestra política exterior apenas en el inicio de este nuevo gobierno.-
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Podría postear la nota de la cancillería si fuera tan amable.
Muchas gracias.