Jaime Ordóñez
No suelo repetir tema. Sin embargo, mi nota de la semana anterior sobre el aumento de salario de los diputados, me generó tal cantidad de e-mails y un apasionante debate por internet con muchas personas, que me veo en la necesidad de hacer una pequeña síntesis.
Lo quiero hacer por varias razones: a) Por la riqueza de las reflexiones de muchas de esas personas, la mayoría insufladas de un enojo y un cabreo ciudadano parecido a la furia visigoda que asoló el sur de Europa hace siglos; b) Para pedirle a la nueva Presidenta Chinchilla que corrija el entuerto; c) Para pedirle a la Sala IV que, en su defecto, sea ella la que corrija el despropósito, y, finalmente, d) Porque es un tema metáfora. Este sainete de los salarios ejemplifica el feo país en que nos estamos volviendo.
Primero, el aumento viola el principio de equidad. Como indica agudamente un ciudadano, Fernando, estamos ante un vulgar crecimiento de las asimetrías salariales y la desigualdad en la "Suiza centroamericana". En la p.57 del 15 Informe del Estado de la Nación se indica lo siguiente: "En el 2008 uno de cada tres ocupados recibió menos del salario mínimo minimorum, lo que en términos absolutos equivale a 588.796 personas. El ingreso promedio de esos ocupados en solo 116.924 colones al mes", En resumen, mientras miles de trabajadores viven apenas con 3.000 colones al día, los y las diputados(as) quieren recibir 150.000 colones al día, es decir, 50 veces.- Segundo, es falaz técnicamente. El argumento de que la Contralora gana US$ 9.000, o el presidente de la Directiva del Banco Nacional US$ 18.000 mensuales y "para no ser menos" los diputados tengan que aumentarse su salario, es falaz. De acuerdo al principio de especialidad, es natural que los puestos técnicos de un Estado ganen más que los de nombramiento político. Por ejemplo, ¿cuántos de los actuales diputados podrían, eficientemente, ser presidentes del Banco Central? Mi conjetura es que varios de ellos quebrarían al país en menos de tres meses En todo caso, si el salario de un maestro es de 350.000, el de un técnico en educación medio de 380.000, el de un médico de la Caja con varios años de experiencia es 1.5 millones, parece desproporcionado que un diputado diga que 4.5 millones es lo que se merece. Es vulgar. Si fuéramos un país justo habría que hacer un aumento general de un 10% a todo el mundo, empezando por el peón de finca hasta el más alto jerarca. Corrijo: si fuéramos un país justo debería ser progresivo: 20% para el peón de finca y 5% para el alto jerarca. Eso se llama justicia distributiva. Pero nos hemos vuelto un país vulgar, donde cosas tan importantes no le importan a nadie.
Tercero, es inconstitucional. Como lo ha indicado Rubén Hernández y otros especialistas, viola el principio de equidad y, además, la prohibición de legislar en beneficio propio. Ojalá doña Laura, firme y honesta como proclamó en campaña, detenga a sus diputados. O que lo haga la Sala IV. Un acto legislativo, por lo demás torpe políticamente, que hace empezar al Parlamento con el pié izquierdo, desprestigiándose ante el país a menos de un mes de haberse sentado en las curules.-
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QUIEN QUIER SER MILLONARIO:
Espero que la señora Presidenta tome en cuenta y escuche la voz del pueblo, que se pronuncia en contra de este proceso de LEGISLACION EN BENEFICIO PROPIO.
Saludos, atte. Fernando M.