El problema de muchos intelectuales (sean de izquierda o de derecha) es que ven la realidad en forma oblicua y parcial. Usan anteojos diferenciados para ver el mundo. Los primeros usan gafas de un color.
Los segundos del color opuesto. Ello les permite ver algunas cosas, pero increíblemente no perciben otras. Hace más de medio siglo, Jean Paul Sartre (quien, con su ojo estrábico y su eterna pipa, era ya un venerado ícono del PC francés y de la filosofía europea) se trenzó en un agudo debate con un joven escribidor de origen argelino de apenas treinta y tantos años que se llamaba Albert Camus, un tipo agradable que usaba gabardina y fumaba cigarrillos a lo Bogart, que se peleaba con todo el mundo en los periódicos, y que se mató una década después en un accidente automovilístico. A pesar de que ambos ganaron el Premio Nobel de literatura, la historia le daría la razón a Camus en casi todo. • • La discusión era la siguiente: Sartre decía ladinamente que únicamente el gobierno de De Gaulle y los países occidentales violaban los derechos humanos. Y, tapando el sol con un dedo, desconocía las atrocidades de Stalin, las purgas y las matanzas masivas de la URSS, Siberia y Gulag incluido. Camus, a diferencia, era un espíritu crítico y un hombre libre. No se ponía anteojos para ver el mundo: afirmaba que las libertades y los derechos se violaban en todas partes. Sus críticas a Stalin y a la URSS le valieron el odio y la acusación de burgués por parte del comunismo francés. Por otro lado, sus diferencias con De Gaulle le generaron también el encono de los sectores conservadores. No buscaba quedar bien con nadie. Buscaba decir la verdad. Por eso, seis décadas después se le respeta más que nunca. • • He recordado lo anterior porque da grima ver a algunos intelectuales tratando de ignorar la dolorosa muerte de prisioneros en Cuba y el record de violación a derechos humanos de la isla, lo cual confirman Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la Unión Europea y otros organismos. Negarlo es tratar de ver el mundo con gafas de un solo color. Allí callan unos. Pero también está la otra cara de la moneda. Los que defendían la invasión a Iraq, montada por políticos, petroleros y negociantes de armas texanos. O, recientemente, la prensa internacional reportó que se encontraron fosas con centenares de muertos civiles en Colombia, hechos perpetrados durante los últimos años por paramilitares con aparente connivencia del gobierno. Allí callan otros. La parcialidad ideológica es una enfermedad que impide ver el mundo con claridad. • • También hay mucho de doble moral. Por ejemplo, varios políticos y personajes en Costa Rica critican las violaciones a los derechos humanos en Cuba, con plena razón, ya lo hemos dicho. Sin embargo—muy modositos— se hacen de la vista gorda a las violaciones masivas de derechos humanos en China, por la simple razón de que nuestro gobierno y algunos empresarios hacen negocio con Beijing y pronto nos van a regalar un estadio nuevo. También hay otra cara de la moneda. Los que se rasgan las vestiduras, con justa razón, por la persecución contra trabajadores y ciudadanos en otras partes del mundo, pero buscan aquí, cínicamente, conculcar los derechos laborales, sindicales y gremiales protegidos por la OIT. Defendían hace 20 años como un héroe a Lech Walesa en Polonia pero aquí tratan de eliminar a Albino.-
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Felicitaciones don Jaime, da gusto leer su comentario, objetivo y claro. Que bien, ojalá nos siga enriqueciendo con sus sabias y justas opiniones. Adelante, esa es la opinión que necesita leer la humanidad.