Honduras, 7 meses después PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 26 de Enero de 2010 15:52
Jaime Ordóñez

Escribo esta nota desde el aeropuerto de Tegucigalpa, después de 48 horas de conversaciones con más de 70 personas de esta compleja sociedad.  Siete meses  han transcurrido desde el golpe de estado del 28 de junio de 2009. Ha sido una maratón. Hablé con políticos, con taxistas, con profesores universitarios, con  dirigentes empresariales y sindicales, con viejos amigos de uno y otro bando,  con varios exministros y con funcionarios internacionales.   Sin embargo, la mejor descripción de la Honduras  post-golpe me la dio un  viejo taxista, Bernardo, ex jugador de fútbol del Olimpia. “Fue como que nos pasara un camión por encima: un  revolcón duro.  Uno se levanta un poco roto, pero todo se ve más clarito…” Curioso, le pregunto a mi taxista-filósofo que me explique esa frase.  “Ahora sabemos que tenemos que cambiar muchas cosas..”

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Y tiene toda la razón. Esta Honduras post-golpe denuda la necesidad de muchos cambios.  El primero, y quizá más importante, es crear un sistema de estado de derecho que  funcione.  El burdo golpe de Estado que sacó a Manuel Zelaya del Poder; la polémica gestión previa de éste, el posterior régimen de facto de  Michelleti; las elecciones que eligieron a Porfirio Lobo y, finalmente, la salida de Zelaya con su familia y asociados a República Dominicana, son hechos marcados por un común denominador: todo el mundo violó las normas y los principios básicos de la democracia.  Todo el mundo los ha violado en los últimos años.  Esa característica de la Honduras de las últimas 2 décadas (democracias eleccionarias, pero sin división de poderes, sin frenos y contrapesos y sin control de legalidad) parece una constante de muchos países de América Latina.  En el caso de Honduras, lo cierto es que hay que reformar mucho: desde la Constitución Política hasta varias leyes de la administración pública.  Esta crisis lo hizo evidente.



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Segundo, los partidos políticos deberán cambiar.  Ya no representan a la población.  El Partido Liberal  (PL) y el Partido Nacional (PN) son un Jano de  dos cabezas, un par de criaturas miméticas que reflejan los mismos sectores empresariales, hacendarios y gamonales de siempre. Quizá la crisis de los últimos meses de lugar a un tercer partido que represente clases marginales y trabajadores y algunos sectores académicos e intelectuales emergentes.  Un zelayismo sin Zalaya, me decia alguien de Naciones Unidas.  Se trata de que existan políticos distintos y plurales que, realmente, representen a los diversos sectores de nuestras sociedades.    Sino las democracias se cosifican. Tarea pendiente en Honduras y América Latina.

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Tercer cambio.  Honduras, de una vez por todas, debería sacar al Ejército del gobierno civil.  La anécdota del presidente detenido y expulsado en pijama por un escuadrón del Ejército es la metáfora de  la América Latina de los generalotes y los cuartelazos de hace un siglo.  A veces, parece que el tiempo no transcurre en esta región del mundo.  Los ejércitos deben desaparecer de nuestra vida pública.  En fin, la agenda de reformas está clara. Como dicen las filosofías orientales: toda crisis abre una oportunidad.  ¿Sabrá Honduras aprovecharla?



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Comentarios (1)
1 Jueves 28 de Enero de 2010 05:20
alberto
Después de leer su artículo, me surgió una pergunta: ¿ Habremos pasado por un cuartelazo en C.R, pero sin ejército?..Como simple ciudadano he venido observando que en este país no se necesitan a los militares; con colocar a las ¨fichas¨ en las posiciones correctas: sala cuarta, defensoría de los habitantes, una mayoría en la Asamblea; es posible orientar al país hacia el intereses de un sector, los más adinerados...
 

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