Jaime Ordoñez
Existe por estos días una discusión académica en The New York Times y en otras grandes publicaciones de los EEUU sobre la mejor novela de la historia de ese país.
Un país, como se sabe, que ha dado una excepcional literatura y novelistas enormes, de la talla de Faulkner, de Steinbeck, de Dos Passos, de Scott Fitzgerald, de Hemingway y de tantos otros. La conclusión es muy generalizada: la mejor novela de la historia de los EEUU es Las aventuras de Huckleberry Finn, del año 1885, esa obra extraordinaria de Mark Twain, el narrador que muchos consideran el Dickens norteamericano.
•• Huckleberry Finn es la historia de las venturas y desventuras un joven rural de las riveras del Río Mississippi, la primera gran obra escrita con inglés vernacular (no con inglés de Inglaterra), una suerte de retrato de las raíces de los EEUU. Su importancia es tan grande que el propio Hemigway escribió en su momento: “Toda la literatura moderna estadounidense procede de un libro escrito por Mark Twain llamado Huckleberry Finn… Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. Antes no hubo nada. Desde entonces no ha habido nada tan bueno”.
•• Me interesa recordar lo anterior porque desde hace más de una década me vengo preguntando qué pasó con Marcos Ramírez, ese extraordinaria obra de nuestro Carlos Luis Fallas, una suerte de Hucklberry Finn a la tica, una especie de Lazarillo de Tormes de Llano Grande de Alajuela, justo el lugar donde vivió su infancia Calufa. Yo estoy convencido desde hace muchos años de que la mejor novela de la historia de Costa Rica es, sin duda, Marcos Ramírez. El otro día, conversando con Sergio Ramírez—el gran narrador nicaragüense—me decía lo mismo. Que, a su juicio, la mejor novela de la literatura costarricense es Marcos Ramírez. Por lo bien escrita, por lo vital, por lo vibrante, por su capacidad de retratar en un ser humano, y en su entorno, el alma de una nación. De hecho, no recuerdo haber leído en mi adolescencia nada que me despertara tanta alegría ni emoción. Quizá sólo la lectura del Cid Campeador, pero por otras razones.
•• La última noticia que tuve de Marcos Ramírez es que algún burócrata del MEP— hace más de una década—-había decidido sacarla de la lista de lecturas obligatorias de educación secundaria, y la razón era totalmente absurda: que su contexto ya no correspondía a la Costa Rica de hoy. Con ese tipo de razonamiento habría que excluir de todos los currículos educativos el Quijote de Cervantes, porque pertenece a la España del siglo XVI, o el Hamlet de Shakespeare, escrito por un inglés también del siglo XVI, refiriéndose a la casa de Dinamarca del siglo XII. La tontería no tiene límites. Espero que el MEP en los últimos años haya corregido ese grave error. Caso contrario, aquí dejo planteada, más que mi solicitud, mi exigencia ciudadana.-
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Saludos
Si es que todavía leen! Tengo dudas de que la mayoría de los maestros y profesores conozcan a Calufa , más que de oìdas . Esto debería ser parte del reforzamiento de competencias educativas : la lectura de literatura e historia.
Si tiene usted razón, me uno a su reclamo ciudadano; lo que pasa es que los burócratas del MEP, a lo mejor prefieren recomendar la serie del Dr. Chapatín, para aquedar bien con la " jerarquía"!!!
BELLISIMA NOVELA DECIA MI ABUELA QUERIDA QUE PARECIA UNA LOCA POR REIRME SOLA Y ES QUE ESTA NOVELA LO HACIA SOLA.
COMO ME REIA CON ELLA HASTA LLEGAR EL PUNTO QUE ME LO IMAGINABA TODO A MARCOS Y SUS AVENTURAS.