¿Por qué existe en los últimos días en todo el planeta una extraordinaria admiración por Chile y su actuación en el caso de los 33 mineros liberados en la mina San José, de Copiacó? ¿Porqué esa percepción de que Chile se comportó como un país de Primer Mundo, y no con la indolente tradición latinoamericana de dejar todo al destino, al realismo mágico, a la Virgen de Guadalupe o a la Virgen de los Angeles? La razón es muy simple. Fue racional.
El Gobierno de Chile manejó la crisis con inteligencia y no cayó en ninguno de los posibles errores en que podía caer. Todo lo contrario: entró en un círculo virtuoso e hizo cuatro cosas correctamente, dignas de un caso de estudio a seguir por otros países o personas en escenarios de crisis.-
Primero, fue transparente. Una vez que se presentó el problema lo hizo público de inmediato. A diferencia de Rusia (por ejemplo), que ocultó durante varias semanas el grave accidente del 12 de agosto del 2000 del submarino nuclear K-141 perdido en el Mar de Barents (muriendo, al final, todos los marinos en lo que fue una gran tragedia humana y una vergüenza nacional) el gobierno chileno no escondió ninguna información. Ello le permitió actuar con rapidez. El chauvinismo no permite a identificar crisis o problemas.
Segundo, fue realista. Evaluó sus fortalezas y debilidades como país. Pidió ayuda internacional a los EEUU, a Canadá, a países europeos, para proveerse de expertos y del equipo técnico especializado. Reconoció que no todo lo podía resolver por sí mismo. La humildad y el reconocimiento de las propias limitaciones son siempre un signo de inteligencia y fortaleza.
Tercero, creó sinergias internas. El Estado y las empresas privadas chilenas se asociaron para una labor de alta pericia técnica. El Gobierno y los rescatistas estatales, así como las empresas privadas chilenas de minería, excavación y comunicaciones se fundieron en un trabajo conjunto e integrado. Demostraron que el enfrentamiento entre lo público y lo privado es una falsa disyuntiva.
Cuarto, hubo sentido de oportunidad. Hizo uno de los manejos mediáticos más hábiles que se recuerden ante una crisis similar, sobre todo en esta aldea global de la comunicación. No importa que los abrazos del presidente Pinera a todos los mineros y rescatistas hayan sido sinceros o no. Lo cierto es que resolvió el problema y estuvo allí. Para todos los efectos prácticos, fue sincero. Hechos son amores, y no buenas razones, decían las gentes de antes.-
No todas son de cal. La crisis sacó a la luz, sin embargo, un Chile ancestral y doloroso que aún no cambia. Como acaba de recordar Ariel Dorfman en un magnífico artículo publicado en The Guardian de Londres, esta crisis demostró que las graves condiciones laborales de la minería chilena aún persisten, un siglo después de las denuncias de 1911. Asimismo, recordó que Chile vive por estos días un recrudecimiento de la brecha de distribución de riqueza. El salario mínimo es de apenas 380 dólares mensuales, mientras el Chile opulento vive como Primer Mundo. Sin embargo, al presidente Piñera no se le puede culpar de eso. No todavía. No olvidemos que está recibiendo un país después de 16 años de gobiernos de la Concertación. ¿Resolverá un presidente de derechas un problema de distribución en que las izquierdas fracasaron?
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