Quizá el principal problema de Centroamérica no sea la pobreza o la desigualdad. Ni tampoco el débil estado de derecho, ni la inseguridad ciudadana. Probablemente no lo es, de igual forma, su escasa competitividad, es decir su incapacidad endémica para introducirle valor añadido a los productos de exportación. Esos son problemas graves, sin duda, pero parece que hay un cáncer mayor. Y quizá es la causa de los anteriores.
Quizá el principal problema de América Central sea su incapacidad de pensar y planificar en el mediano y largo plazo. Mientras muchos países del mundo desarrollado ya tienen planificado y presupuestado como será su ciencia y tecnología o cuáles serán sus metas en educación para el año 2025 o en el año 2030, los países de América Central no saben que sucederá el año siguiente. Mientras países como Japón, Inglaterra, Alemania, Canadá o los EEUU presupuestan, en muchas ocasiones, a 15 o 20 años plazo, los parlamentos de Centroamérica reinventan presupuestariamente el mundo año a año, en una rebatiña política miope, torpe, agotándose en el corto plazo de las mezquindades y los intereses de grupo de interés o de partido político.
La información estadística del último Informe del Instituto Centroamericano de Gobernabilidad (ICG) es escandalosa. En un estudio realizado entre 2005 y 2009 en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, los investigadores encontraron que la planificación pública en Centroamérica, como promedio, se reduce a 2.8 años. Ni siquiera se extienden a los 4 o 5 años del gobierno de los Poderes Ejecutivos. Hay excepciones, pero no son la regla. La situación es alarmante. El primer año, la mayoría de los ministros, viceministros y demás funcionarios públicos se dedican a enterarse de qué se trata el gobierno. Es lo que les toman acomodarse en la silla y saber qué son los papeles que tienen enfrente. Gobiernan apenas un par de años y medio. Y el último año, buena parte de esos funcionarios renuncia a sus cargos (incluso de diputados, lo cual es un escándalo doble) para dedicarse a hacer campaña. El ciclo electoral domina no sólo nuestra política pública. Domina también el estado y la vida de nuestros países.-
El problema de fondo está en la perversión de los Planes Nacionales de Desarrollo basados en un Decreto Ejecutivo, según el cual cada gobierno reinventa el mundo cada cuatro años y tira al basurero toda la planificación que ha hecho el gobierno previo. Ello sucede—de acuerdo a los estudios del ICG—incluso cuando se reelige un gobierno del mismo partido político. La explicación en simple: los grupos de interés en muchas ocasiones cambian y mutan, inclusive al interior de los propios partidos. La única solución son Planes Nacionales de Desarrollo de largo plazo, de 15 o 20 años, pactados en el Parlamento, ojalá con mayoría calificada, para blindarlos de las ocurrencias políticas, de los ciclos electorales y de los grupos de interés que sistemáticamente atrapan el Estado. Esta es la primera y gran reforma en Centroamérica. Sin esta reforma sólo habrá desperdicio de fondos, políticas no sostenibles, lo cuál es muchas veces más voluminoso y grave que la corrupción pura y dura. Algo así como “corrupción light”, pero con más recursos.-
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Ciertamente hace falta la visión de largo plazo en cuanto a temas de salud, educación, seguridad, gobernabilidad democrática, desarrollo, y progeso económico.