Una historia de Nueva York PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 24 de Agosto de 2010 18:17
Jaime Ordóñez

En momentos de crisis, la solución es invertir y apostar por el futuro. Jamás retraerse. Jamás asustarse y dejar de invertir. Voy a contar una historia que probablemente muchos conocen. En plana Gran Depresión, en el año 1929, el magnate John D. Rockefeller (el hombre más rico del mundo en su día), estaba construyendo un complejo de 19 grandes edificios entre las calles 50 y 53 de Manhattan, incluida la famosa Rockefeller Center. En medio proceso de construcción estalló la crisis y Rockefeller, al igual que muchos millonarios de su época, perdió muchísimo dinero y no estaba claro si podía terminar su ambicioso proyecto. Famoso por su tenacidad y optimismo-- y apostando en ese momento por un razonamiento simple pero poderoso—Rockefeller siguió adelante, a toda costa. En plena depresión, cuando la gente hacía filas por un tazón de sopa para comer, la construcción de sus edificios le dio mano de obra a varias decenas de miles de obreros de Manhattan, Brooklyn, Queens y New Jersey, que pudieron llevar dinero a sus casas. Poco a poco el país se fue levantando.


El razonamiento de Rockefeller era muy simple. Si hay crisis y pobreza, lo que hay que hacer es generar mano de obra, sacar a dinero a la calle, poner la economía a moverse. Darle instrumentos a la gente, para que ellos levanten la economía. Simple pero efectivo. Justo pocos meses después, otro gran hombre ganaría la presidencia de los EEUU, Franklin Delano Roosevelt. Y Roosevelt, que tomó el país destrozado por los estragos de la Gran Recesión, hizo exactamente lo mismo que Rockefeller en sus negocios privados. Roosevelt decidió invertir en la sociedad. Creó una serie de grandes proyectos, carreteras, construcciones, puentes, escuelas. Creó mano de obra y sacó dinero a la calle. Además, utilizó todo el dinero disponible para invertir en educación pública. Entre 1930 y 1940, porcentualmente nunca un país del planeta invirtió tanto dinero en educación pública, infraestructura e investigación. El resultado: para 1939, cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, los EEUU había pasado de ser un país en depresión económica a convertirse, sólo una década después, en la principal potencia del planeta.


La moraleja es muy simple. Invertir en la sociedad, en educación, en mano de obra, en infraestructura, es la única medicina efectiva cuando existen procesos de recesión, crisis o estancamiento. Esta inversión siempre genera réditos multiplicados. Valga la pena recordar esto porque el gobierno de Costa Rica está, justamente por estos días, en un pulso absurdo con las universidades públicas del país por reducir presupuestos, alegando disminución de la recaudación y crisis. Yo subiría los presupuestos aún más. Cualquier dólar de más que se invierta en preparar profesionales, economistas, ingenieros, expertos en todas las áreas, es la mejor inversión para combatir la crisis y apostar por el futuro. Todos ganaremos. Primero el sector privado, que tendrá así mejores profesionales para sus empresas, negocios y emprendimientos. Las planillas serán mejores. También ganará el Estado, que tendrá mejores funcionarios. Y el país será más competitivo, sobre todo en épocas como estás de plena regionalización y globalización.-

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