| ¡Adioscar! |
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| Escrito por Redacción |
| Martes 27 de Abril de 2010 21:33 |
Edgar Espinoza
Como no había pomada canaria para ese tipo de golpes, ahí empezó Cristo a padecer. El niño-bien acababa oficialmente de conocer al que sería el peor enemigo de su vida, al único que se atrevería a profanar su santuario de síes encarnados en lujos, juguetes, ajuares y, no sabemos si también, Gerber de “pato al orange”. El asunto es que, acorralado por la inexorable realidad del “No”, sintió desde entonces que su única salida sería deslumbrar al rival y rendirlo a sus pies. Por eso no es de extrañar en él la aparición, a modo de blindaje, de un ego tan hipersensible como camaleónico: en lo intelectual, poniéndose la sudadera de Harvard; en lo político, engolosinándose con Maquiavelo y, en lo cultural, cantando Otelo bajo la ducha, pues alguien le debe haber metido en la cabeza que ser muy instruido y galardonado lo hacía divinidad. Sin embargo, tales credenciales no le bastaron. Quería más. Quería todo. A partir de ahí el poder fue su mejor aliado para abrirse paso entre los noes de la inefable sociedad y ascender al soñado “Sí” absoluto que lo pusiera a salvo. Por eso, como mandamás, pronto nos dejó muy claro que con sus premios, ovaciones e inciensos, el importante era él y no la patria, reducida a simple trampolín de sus devaneos de parlamentario inglés y genio renacentista hasta que, bueno… el chupetín se le acabó. Después vinieron los terribles veinte años de ostracismo político que le desgarraron el superyó por culpa del enorme “No” a la reelección que se le interponía en el camino y que, gracias a la gauchada de sus “yes man” constitucionalistas, se llevó en banda sin importarle sus propias ínfulas de demócrata para entrar de nuevo al poder, esta vez por la cocina, dispuesto a prolongarse en el tiempo y en el espacio. De entonces acá su pasatiempo favorito ha sido endulzarse la autoestima con el “¡Alabao sea Dioscar!” de sus corifeos institucionales, y que no es otra cosa que el mismo “Sí, mi amor, el caramelo es todo tuyo” que le marcó el antes y después. Mas, no satisfecho, se atrajo al capital para unirlo al coro de loas, así como también a ciertos medios de comunicación para que se la pusieran picandito en el trono mientras él se dedicaba a fumigar a todo aquel opositor que osara airearle en público sus desatinos, contradicciones y dobles discursos, pese a su reciente frase de que un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla. Es el mismo Dioscar que este diciembre, durante su sobrecogedor mensaje navideño ante el Santo Sepulcro, en Jerusalén (como si ahí Dios fuera más Dios que el de la ermita de Bijagual Abajo de Acosta), clamó al cielo para que en el país hubiera tolerancia. El mismo que durante la cumbre de América Latina y el Caribe, en febrero, criticó sin el menor sonrojo a los gobernantes autoritarios que atentan contra el sistema político de frenos y contrapesos, a los gobiernos tentaculares y a los que coartan la libertad de opinión y expresión. ¡Oh Señor, líbranos de tanto cinismo! Por eso, además, se pavonea como primera luminaria mundial con fiebre porcina; presume de que la OEA, el BID y la corte celestial en pleno se lo pelean a muerte; le dice al mundo cómo ser mejor aunque aquí nos deje más de un sinsabor, y se vanagloria entre cámaras de fotos y televisión para que, como nutrientes a tiempo completo de su imagen soberana, sacien por esa vía las exigencias afectivas que, por otras, no puede. Sabe bien que, amasado a su manera, el poder le garantiza el protagonismo público y la idolatría que su ego le reclaman a diario, y de cuya simbiosis la ambición desmedida es su mejor engendro. ¡Como Fidel! ¡Como Chávez! Aunque más por debajito. Solapadón. Lástima, porque con la falta que nos hace un líder bien aterrizado, en él tenemos más bien a un numen ante el que hay que derretirse para que, al altísimo precio de volverse omnímodo, pueda así cerrar su círculo de poder. Dioscar nació para ser servido y no para servir. Un profundo desdén por todo lo que no sea él parece ser parte esencial de su escudo “antinoes”. Hasta su obra, que por supuesto no responde ni a la urgencia ni al clamor de nuestra sociedad, quedará trunca, o mal hecha o habrá sido concebida a su imagen deífica. Por eso no sólo quedará en deuda una vez más con este pueblo que esperó más de él en seguridad, en la lucha contra la pobreza, en infraestructura pública y hasta en estatura moral, sino que ahora, con su movimiento más reciente dentro del tablero político, pretenderá ejercer el continuismo entre bastidores para seguir glorificándose y dejar sin respuesta tantos interrogantes sobre su reinado. Kant, el famoso filósofo alemán, era tan genial que 226 años antes pareciera haber predicho el advenimiento político de Dioscar al advertir que el destino final del niño mimado que hace lo que le viene en gana entre caramelos, arrorroes y si-mi-vidas es, irremisiblemente, el de déspota. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla |



Nacido en cuna de oro, Dioscar creció arrullado por los síes de su entorno familiar: “Sí, mi príncipe, tomá la chupetica” y “Sí, mi amor, el caramelo es todo tuyo”, hasta que, diay, llegó la infausta hora del destete y la criaturita se dio de nariz contra una sociedad que le decía noes.








Muerte el Rey, viva el Rey. Déjelo en paz, que él es el que tiene que aguantarse, y eso ya es suficiente!
Gracias por hablar x mi.
Les guste o no, estas personas mezquinas de pluma, y de profunfidad analitica, deben reconocer que lo realizado por Don Oscar, fue muy superior a lo realizado por muchos expresidentes y ciudadanos comunes, en ese tanto tambien debemos ser humildes y agradecidos en reconocer los aciertos del hoy ex-presidente Arias.
Recordemos, que si queremos ser felices debemos reconocer lo positivo de las personas, y no resaltar aquello que no fue del agrado a nuestros sentidos.
No se bien si Dioscar será recordado por todo lo que dijo en su última cadena televisiva, pero creo que (una vez más) NO.
Será recordadado por muchas otras cosas que no le permitieron ser un ser normal entre los normales.
Que terrible cuando se llega a un estado de conciencia, que ralla la inconciencia. Razón tenía un tal Saulo de Tarso, conocido hasta nuestros días, quien citó en algún momento:
"Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida." --2 Cor. 3:6--
A la luz pública quedan expuestos hoy 8 de mayo los resultados, del confite, de la chupeta y citando al Hombre Bicentenario, de alguien a quien ciertamente tuvo un periodo de lactancia demasiado corto.
Para los que les parece un poco irrespetuoso para "don" Oscar, pues en realidad es una columna con el mismo respeto presentado por él para el pueblo de Costa Rica y su orden constitucional.
El problema es que "don" Oscar está por encima del "populacho" o ciudadano común por lo que no puede ser tratado de la misma manera (recordemos que el caramelo es sólo de él), sino como el ser superior que es... Salve Osquitar!.... jajaja
Inmejorable!!!