Y ¿El Gobierno infractor? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 30 de Marzo de 2010 20:50
Edgar Espinoza

Toda esta calle de la amargura por endurecer la Ley de Tránsito bien vale la pena transitarla con tal de castigar con severidad al conductor borracho, vivazo e irresponsable pero ¿quién sanciona al Gobierno por sus absurdos viales?
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Buena parte de la tragedia en nuestras calles la provoca el propio Gobierno que, ayuno de una política vial coherente, visionaria y eficaz, las diseña pésimas, les da cero mantenimiento, no las amplía, descuida los puentes e improvisa las soluciones.

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Ejemplo: cuando los vehículos procedentes de la Lima de Cartago se dirigen a tomar la autopista Florencio del Castillo hacia San José, se topan en la intersección con dos horrores: el de la fila infinita de carros que fluyen del este hacia la capital y el de la fila igualmente infinita que dobla hacia el sur impidiéndoles a aquellos virar a la izquierda o hacia la capital. La presa es tan espectacular que muchos conductores optan por lo que hoy tiene a tantos de ellos bajo tierra: jugársela.

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Entre tanto, el célebre MOPT nada hace por al menos atenuar las consecuencias de su propio adefesio vial. Debe ser que la cuota de muertos que exige el Gobierno para empezar a interesarse en el asunto no le es aún suficiente. ¿Habrá que esperar a que el costo-beneficio de la solución sea directamente proporcional al número de corazones amarillos en media calle?
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Es decir, tan infractor es el Gobierno como el conductor, lo que tristemente confirma nuestra incultura vial a todo nivel. ¿Otro ejemplo? La intersección de vías en La Galera de Curridabat pareciera haber sido concebida no en una mesa de diseño sino de tragos, tal la borrachera de curvas, giros, vueltas y revueltas, altos, entradas, pasos y nuevos “juégueselas”. Pero la cantidad exorbitante de accidentes ahí tampoco han sido capaces hasta ahora de moverle una sola hormona a tanto ministro que se ha mecido en las muelles sillas del MOPT.

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Peor aún. Tan homicida pareciera el Gobierno como cualquier conductor temerario. Su nulo control de los puentes es tan patético como folclórico. Patético cuando se mata la gente al desplomarse la estructura o debido al hueco que provoca un choque con incendio, y folclórico cuando no da pie en bola con la platina o pretende que la gran flota automotora circule por carreteras de “cuatro” vías (sin cuneta) con puentes de dos, como los ubicados entre el aeropuerto Juan Santamaría y Manolos.

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Y como la Asamblea Legislativa no sirve para nada, pues su ineptitud parece haber tocado fondo, nosotros los siervos menguados debiéramos crear una Ley Ciudadana Contra el Gobierno Infractor con sanciones a quienes lo ostenten, de modo que si sus máximos jerarcas prometen una carretera como la de San Carlos y no la cumplen, o toleran una tan mal hecha y peligrosa como la de Caldera, que es de una vía para circular y 28 para cobrar, se les castigue también obligándolos a pagarlas ellos mismos, con cárcel de verdad o trabajos forzados a pico y pala por el resto de sus vidas.

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A propósito, el presidente Arias, quien vive en una Costa Rica y el pueblo en otra, se dejó decir hace un tiempo, en uno de sus frecuentes arrebatos de grandeza, que los costarricenses ya no teníamos por qué avergonzarnos de sus carreteras. Tiene mucha razón. Ahora nos avergonzamos de nuestros propios Gobiernos.

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