Edgar Espinoza
¡No hay escapatoria! La tecnología de la imagen nos ha convertido en improvisados comediantes de un mundo urgido de diversión a costa nuestra, pues en todo lugar, y a toda hora, siempre habrá una cámara, a la larga con paparazzi incluido, atenta a nuestros más sutiles movimientos.
••• Sabíamos que éramos actores de la vida, pero no así, como ahora, siendo inmortalizados por un video o fotografía digitales en el ciberespacio, el nuevo cielo del hombre. Algún imprudente abrió de súbito las persianas del planeta y dejó a la humanidad a los cuatro vientos y sin privacidad, tanto que yo mismo ahora me ducho –cuando me ducho– medio esquineado en el baño.
••• Ante eso, todos los días, queramos o no, tenemos que enterarnos de las bacanales de Berlusconi, de si Paris Hilton anda con el calzón roto y de si el padre Alberto patea para los dos lados y de taquito. Hacia donde miremos siempre tendremos ante nuestros ojos un video furtivo de alguien, de la Arambula sin su Luismi, de la Duquesa de Alba luciendo el “alisette” y de Lindsay Lohan hasta la cara- me-duele arriándole a un policía de tránsito.
••• Y como nuestro mundillo tico no se puede quedar atrás, es inevitable, igualmente, ver a diario imágenes de modelos agarradas del moño por un galán, con un color de labios que no les va con el de las uñas o sofocadas en un “Ladies Night”. ¿A quién le importa? Hoy… a todos.
••• En fin que cualquier tontería servirá para hacerlo a uno famoso de mil maneras, grabándonos en la calle esmorecidos ante la mujerona que pasa, bailando por vara, montando un toro o metiendo una vaca en un taxi. Así se hicieron famosos la moda furris, la Mosca, Maripepa, el Malacrianza, el plato Clara Zomer y últimamente su majestad La Platina.
••• Ni se diga si nos ponen en la web medios chingos con una dama en la alcoba, pues será signo inequívoco de estatus social que, pese al escándalo, nos significará un segundo de gloria.
••• Es increíble pero el poder de la cámara ha cambiado a la misma muerte. La muerte natural, la de verdad, ha sido prácticamente desterrada por otra, la accidental. Ya casi nadie se muere de muerte natural. No da tiempo. Y si se muere de muerte natural, nadie lo determina. Casi todos nos estamos muriendo víctimas del atropello, del asalto o del ajuste de cuentas. O sea, de la muerte mediática, a toda cámara, para solaz y morbo del gran mundo que paga por divertirse.
••• Estamos sitiados por cámaras. En los celulares, en los negocios, en la calle, en los postes, en las iglesias. Ya ni en misa nos podemos echar un sueñito tranquilos. Y por si no fuera suficiente, los satélites también nos están filmando. Hace poco, en Google Earth fue inmortalizada la figura desnuda, y de buen ver, de una ninfa asoleándose en la azotea de su apartamento.
••• Bienvenidos todos, pues, a la era del Videochisme como nuevo episodio histórico del hombre.
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