Edgar Espinoza
Gravita aún en el ambiente nacional la perversa duda de si, en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con China, medió algún confite de premio para alguien en particular de nuestro firmamento político. ¡Y es que con las cosas que se ven ahora, ya nadie confía ni en su propia sombra!
Amén de que se haya consumado o no esa “feria”, como también le llaman, la índole estratégica del acto y de sus protagonistas parecía ya albergar en sí misma el germen de la sospecha. Era inevitable: su prominencia y las gratificaciones oficiales inherentes a la histórica decisión daban pie a que anduviéramos con la paja tras la oreja.
Primero porque en estos tiempos de capitalismo salvaje con nuestro planeta confinado a casino mundial, los políticos no parecen gobernar por el más elemental bienestar de su pueblo sino por los falsos brillos del poder y, bueno, una sustanciosa cuenta en Suiza, entre otras confituras.
Luego, porque en medio del viejo pulso que libra contra Taiwán para quitarle adeptos, China, exquisita en el arte de la magia tras el biombo, parecía dispuesta a hacer lo que fuera con tal de atesorarnos en su ranking de aliados como la primera conquista en Centroamérica.
Y, por último, si a muy alto nivel político nacional se pudieron haber traficado influencias a favor de renombradas compañías europeas de telefonía y equipos médicos con tal de procurarse el “cariñito” de rigor, tal y como se ventila en nuestros tribunales de justicia, con algo tan inconmensurable como abrirle los brazos al dragón chino ¿cómo no aprovechar la ocasión? Así las cosas, la mesa estaría servida para los invitados a la espléndida confitada. Todo lo que había que hacer era revestirla de un protocolo oficial con máscaras chinas y bullaranga tica para el definitivo “vénganos en tu reino”. El postre sería un Estadio Nacional nuevo de paquete con la bola (de cereza) al centro para acabar de deslumbrarnos.
Pero lo gordo, lo que se llama gordo, lo que quizá nunca nadie sabría y menos revelaría, bien podría haberse cocinado debajo de esa misma mesa a partir de la hipótesis de que los beneficios de semejante costo de oportunidad, tan trascendental para los intereses mundiales chinos, no podía ser todito, jamás, solo para el pueblo tico al que ni por la mente le pasaba el montaje de la dulce trama.
De confirmarse algún día esto, habría que reconocer, más allá de cualquier sutileza legal, moral o sacramental, que el confitazo fue una jugada, señores, de quitarse el sombrero, pues mientras al pueblote lo engolosinaban con el moderno estadio para sus mejengas, otros se quedaban con la gloria y la fortuna del golazo de media cancha.
Pero podemos estar tranquilos. Gracias a que nuestros máximos jerarcas de turno viven de lleno entregados a la paz del mundo, al amor a los pobres, a servir a su patria, a rezarle a la Negrita, a velar con celo por la naturaleza y a proclamar la transparencia ética urbi et orbi, todo lo supuesto aquí queda reducido a un cuento chino, pues, además, ¿quién se va a comer tantísimos millones en confites? (Nota: Doble Filo puede ser leído, disfrutado, llorado o apaleado en
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muchas gracias
ricardo
Se nota contundente el machismo y lo poco etico de caballero, bueno si todavia se le podra mensionar esa palabra porque me dejan una gran duda.
Gracias
En estos tiempos complicados, hacen mucha falta periodistas sinceros y directos como usted.
Saludos.