| Los cisnes negros |
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| Escrito por Redacción |
| Martes 01 de Junio de 2010 12:28 |
Juan Manuel Villasuso
El descubrimiento de los cisnes negros (cygnus atratus) fue un hecho científico que modificó la visión sobre la evolución y las mutaciones de la especie. Constituyó un acontecimiento fortuito que alteró la forma de conceptualizar y analizar la realidad por parte de los ornitólogos. Este episodio histórico sirvió al profesor Nassim Nicholas Taleb, matemático de origen libanés que imparte cátedra en la carrera de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets, para denominar con el nombre de “cisne negro” a ciertos eventos que ocurren de manera imprevista, permiten una explicación lógica y tienen gran notoriedad. En el libro “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”, que publicó en el año 2007, Taleb señala que un evento de este tipo debe satisfacer tres propiedades: intensa repercusión, probabilidades imposibles de calcular y efecto sorpresa. Su incidencia produce un efecto desproporcionadamente grande, tiene una pequeña probabilidad que es imposible de calcular en base a la información disponible antes de ser percibido el hecho; y se genera de manera inesperada porque no hay indicios que permitan presagiarla.
Taleb apela a las reglas del azar, la lógica, la probabilidad, la estadística y la incertidumbre; y sustenta sus argumentos en la premisa de que la innovación no siempre puede planificarse. Muchos descubrimientos e innovaciones importantes suelen ocurrir por accidente (serendipidad). Las tecnologías que dominan el mundo actual, como Internet y el láser, no se utilizan en la forma prevista por los que las inventaron y una parte considerable de los descubrimientos médicos no están programados en los proyectos de investigación oficiales sino que surgen de manera contingente
El matemático afirma que la “falacia de la regresión estadística”, que consiste en creer que la probabilidad de futuros eventos es predecible examinando acontecimientos pasados, está muy arraigada entre los actores económicos, que tampoco entienden que la aleatoriedad estructurada que se encuentra en los juegos de azar (teoría de probabilidades clásica) no se parece a la aleatoriedad que prevalece en la vida real (falacia lúdica). En el caso de Costa Rica podríamos preguntarnos si el reciente y fallido intento de los diputados por duplicarse el salario podría tener la categoría de un cisne negro... o al menos de un cisnito negrito. Agregue su comentario |



Los cisnes negros no existen. Al menos esa era la creencia de los zoólogos hasta finales del siglo 17, cuando el explorador holandés Willem de Vlamingh encontró en Australia una gran cantidad de esas aves, pero no de color blanco, sino revestidas de un hermoso plumaje negro azabache.







