En la época de la barbarie PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 03 de Agosto de 2010 14:22
Álvaro Mata Guillé*

Cinco cabezas tiradas en la pista de baile de un burdel, hace ya un par de años, inauguraron una nueva época de violencia en México, que llega hasta la explosión, hace unos días, de un coche bomba en una calle de Juárez. Gélido bestialismo, que se convierte en el motivo propicio para indagar los entretelones de la convivencia contemporánea de nuestras sociedades latinoamericanas, donde los hechos diarios dejan al descubierto las taras que aún prevalecen y que, al contrario de lo que se supone, se acentúan constituyendo un síntoma que estigmatiza el presente, en el cual la barbarie se adhiere a la cultura como un ancla que atosiga, como una constante que no nos deja avanzar, que junto a la indiferencia y el escepticismo, unidos a la desconfianza y la insatisfacción, nos condena a la soledad y al aislamiento, transformados en nuevos métodos de sobrevivencia, en un “sálvese quién pueda”, que nos somete a estar encerrados en las casas, convertidos en la condición común que se asienta en lo cotidiano: el hacinamiento.

Pero la soledad del presente es de signo distinto a la que conocemos, la mencionada en tantos poemas e historias que se refieren a los conflictos de la existencia, al desamor o al abandono. La soledad de nuestros días es resultado de la incomunicación, la desconfianza o de las taras que señalamos y que aparecen retratadas en las crónicas diarias de los periódicos, y que obtiene su verdadero sustento en la impotencia, la cual sentimos al no saber qué hacer ante la barbarie que amordaza lo cotidiano y la impunidad que se hace costumbre, también resultado de la derrota y el silencio que nos embarga, el mucho silencio que mutila los lenguajes.

Desde ahí, desde ese lugar de la reclusión, observamos inertes la paulatina destrucción del orden social, de sus instituciones, de la comunidad que se disgrega y pierde sus vínculos, alejándonos de todo y de todos, socavando la idea de humanidad, de cultura, de hombre, carcomidos por el miedo, que es la condición que alimenta junto a la impotencia, el hacinamiento instituido como el proceder cotidiano del presente.

Estatus de “normalidad.” Ajusticiamientos, cinismo, impunidad, tortura, corrupción, hechos que se instauran en el diario vivir (desde Venezuela a México, pasando por Colombia y Costa Rica) estableciéndose como nuevo orden, un nuevo estatus de “normalidad”, a la que estamos obligados a acudir y permanecer, dejando al descubierto el horror que se impone en el entorno y la incapacidad que tenemos para hacerle frente, más que con violencia, censura, amenazas y más muerte.

Hay que decirlo: nuestros males no son sólo económicos como tontamente se nos hace creer y se insiste en ello, tampoco militares; nuestros males son culturales, tienen que ver con el sentido de las cosas, con nuestra razón de ser. Podríamos señalar muchos factores y culpables de por qué hemos llegado a estas condiciones o del por qué estamos sometidos a estas coyunturas…¿para qué? El desgaste de las instituciones, de las promesas y las palabras es evidente, la ausencia de políticas públicas, de inversión social que ataquen estos males con otros insumos es notoria. El deterioro del orden social, la decadencia en todos los estratos y todas las investiduras es más que palpable y no hay mucho qué decir y nos hace llegar a una conclusión simple: condenados al hacinamiento, aceptamos la nueva realidad como una condición del presente y nos sometemos a ella, una realidad orientada desde los fundamentalismos que se imponen como gobierno: el del pistolero, el de los mercenarios, el los mentirosos y los mercaderes.


*Escritor



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