Del biberón a las armas PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 27 de Julio de 2010 12:55
Dorelia Barahona (*)

Crecí aprendiendo a defenderme con el arma de la palabra que mi padre nos enseñó a usar con su ejemplo. Pero la vida es dura y muchas veces lo mejor ha sido el silencio y la pérdida de la batalla. Retirarse y aprender ¨domándose el carácter¨ con la lección.

Armas para la batalla hay muchas antes de la palabra y la más primitiva, si no es el cuerpo mismo, es la piedra, de allí el garrote y luego las armas.

En esta era de lenguajes, cuántica, fractal, vivimos seres de muchos tiempos y de variadas carencias e ignorancias.

Algunos seres insisten en demostrar el poder con los músculos, inflados de sustancias en medio del frenesí narciso que deparan los espejos Gyms. Algunos llevan armas en el carro (me refiero a parroquianos) solo para defenderse de ser fachento, y en la casa, solo para defenderse también del coco, enseñándole a sus hijos con el ejemplo a resolver cualquier amenaza disparándole a otro.

Algunos son una palangana de babas que se entintan con la televisión y los maravillosos programas donde ignotos secuestran mujeres, las descuartizan, las humillan en un ejercicio de violencia nacional, a mi entender inaudito, para la censura, si es que la hay, de los medios de televisión. Eso vemos, con eso dormimos… y los seres sin carácter, abandonados a la palangana por falta de otros lazos, la tiñen de rojo cuando disienten. Algunos se compensan pegando, dando golpes, patadas, bofetadas, macheteadas. Hiriendo y mancillando a lo que para ellos es imposible de comprender y menos aceptar. El disentir. Hay muchos en esta Costa Rica Pura Vida, y todos estos tipos humanos nos conforman. Somos todos en humilde romería cultural, silenciosa, cómplice, la que hace que estas formas de la idiosincrasia se manifiesten, entre el abandono de una correcta educación y la inmolación que hacen de los abandonados las cadenas de consumo, con sus malls, lofts, lunchs, reifs, partys, drogs y todas las estrellas juntas. Los adultos nos conformamos así. Con lo que fuimos siendo educados. Niños en capricho permanente.

Un poco de contención, un poco de pérdida del biberón no le caería mal a muchos…antes de que sigan con el arma…porque por lo visto para muchos no hay nada más entre el biberón y el arma.


*Escritora



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