Esteban Gil Girón(*)
Siempre me ha fascinado el tema del poder, desde el monolítico y rotundo ensayado por las dictaduras, hasta el relativamente diluido y flexible que estilan las democracias.
•• Ambos son apasionantes como objetos de atención, el primero por la forma que estraga la mente de quién lo ejerce, el segundo por más sofisticado y complejo, articulado por las diversas partes de un sistema que, teóricamente, descansa en las mayorías.
•• Digo teóricamente porque, si ponemos el asunto bajo la lupa, pronto advertimos que se trata de la afirmación engañosa de una realidad transitoria, dado que la voluntad popular no tarda en ser neutralizada por una serie de situaciones remotas a la voluntad de la gente.
•• Ciertamente el ciudadano decide y elige quien habrá de gobernarlo durante un periodo de años, pero una vez consumado el acto cívico se rompe el hechizo. Como una humeante escopeta luego de disparar su cartucho solitario, queda navegando desarmado en un mar de promesas rotas hasta que a la vuelta de una equivalente cantidad de años regresen los políticos a lavarle la cabeza y volver a sacarle el voto.
•• Mientras tanto, los verdaderos socios del poder conservan intacta su capacidad de presión. Lo hacen porque se encuentran enquistados en sus entrañas, vinculados a los más altos sectores de decisión por un complejo entramado de intereses comunes de los que poco se habla, pero que a la larga terminan siendo en buena medida motores de la acción gubernamental.
•• La gente puede, por supuesto, quejarse y patalear, amenazar con huelgas o desfilar con pancartas, pero ya estamos hablando de otra cosa.
•• La cuestión de fondo sería cómo conseguir, sin los tiros, los muertos y las revoluciones que prescribe la historia, que el pueblo salga de su indefensión y prolongue la vigencia política de su voluntad colectiva más allá de las urnas.
•• ¿En qué medida las leyes y el tan cacareado sistema de pesos y contrapesos de la Constitución podría de veras llegar en su auxilio? •• El problema es complejo, pero olfateo que mucho tiene que ver con el hecho que quienes tendrían en sus manos alguna parte de la posible solución oponen enconada resistencia a los cambios, por entender que afectarían sus intereses y privilegios.
•• Son ´´los desconocidos de siempre´´, los que maquinan sombreados desde la misma ciudadela del poder, malversando la voluntad popular y degradando el régimen, los que aun no han caído en cuenta que en esta vida el ´´negocio´´ no consiste en ´´tener´´ sino en ´´ser´´, los que no terminan de entender que por más bienes que hayan acumulado a lo largo de los años no se van a llevar nada para ´´al otro lado´´, que cuando les llegue la hora de pasar al otro mundo se irán de la misma manera que llegaron a éste, o sea en cueros y llorando.
|