| Economía más allá de los expertos |
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| Escrito por Redacción |
| Martes 20 de Julio de 2010 14:27 |
Eva Carazo Vargas (*)
Según Wikipedia, “La economía es la ciencia social que estudia las relaciones sociales que tienen que ver con los procesos de producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, entendidos éstos como medios de satisfacción de necesidades humanas y resultado individual y colectivo de la sociedad”. Hablamos entonces de relaciones entre personas, que deben servir para satisfacer necesidades humanas, individuales y colectivas. Las personas --nuestra felicidad y plenitud-- deben estar en el centro de la discusión: ¿de qué nos sirven índices macroeconómicos exitosos, si la gente vive cada vez más insatisfecha por no poder consumir todo lo que le dijeron que la haría feliz? Es razonable dudar de quienes nos dicen que podemos esperar índices macroeconómico exitosos; estamos en crisis y vienen tiempos más difíciles todavía, porque ésta no es coyuntural, sino sistémica, resultado de un sistema orientado hacia la especulación financiera, la concentración del ingreso y la propiedad, la depredación de los recursos naturales, la inestabilidad laboral y el estímulo al endeudamiento. Una lógica distinta. Las medidas para reactivar la economía han de responder a una lógica distinta a la que generó la crisis. Si vivimos en una sociedad plural --con gente que siente y piensa diferente-- y esa diversidad es una de nuestras fortalezas, al igual que muchas semillas nativas distintas hacen más fuertes los cultivos, entonces las decisiones que se toman tienen que ver con toda la sociedad y ésta debe tomar parte en ellas. Dice Isabel Rauber que un cambio en la administración de los bienes (distribución de la riqueza, equidad en derechos civiles) es insuficiente para superar los problemas culturales, ideológicos y políticos que nos ha inculcado por siglos una forma de relación jerárquica, subordinante, explotadora, autoritaria, individualista, competitiva, utilitaria, opresiva, injusta, y discriminadora de saberes, de poderes, de ciudadanía, del goce... Es la forma de relación que nos enseñaron. Las cosas van a seguir igual mientras el dinero, el mercado y el consumo sigan siendo valores absolutos, más importantes que las personas. Por eso yo no puedo pensar en una economía “eficiente” en abstracto: el narcotráfico y la trata de personas son muy eficientes para sus objetivos, pero no es el modelo que queremos para Costa Rica... Lo primero que deberíamos hacer sería ponernos de acuerdo en objetivos-país compartidos (sí, desde esa diversidad que todo lo complica pero también lo hace interesante), y entonces sí, buscar las herramientas económicas que nos ayuden a alcanzarlos. ¿Cuáles son las prioridades sociales que queremos alcanzar como colectivo, sin que se quede gente en el camino? ¿Qué tipo de reactivación económica, para qué, en qué dirección? Si cambiamos el enfoque talvez nos permitamos pensar en una inversión económica que posibilite la convivencia, en una economía para vivir bien, con desarrollo humano plural y con oportunidades más allá de la riqueza por sí misma. Talvez así podamos hablar de invertir en infraestructura útil para toda la sociedad (y sin inauguraciones adelantadas), en educación con cultura, ciencia y tecnología, en salud y deporte, en generación de trabajo decente, fomento productivo, economía social, sustentabilidad ambiental... Ya las recetas del Consenso de Washington demostraron que no funcionan, que aumentar las exportaciones, atraer inversión extranjera y reducir el Estado no van a provocar soluciones mágicas que no se han dado hasta ahora; ¿se vale agotar la naturaleza que nos sustenta, mientras el petróleo sigue esparciéndose en el golfo? ¿que Crucitas siga amenazando con su “cianuro sostenible”? La pregunta entonces es: ¿nos animarnos a buscar otros caminos? Agregue su comentario |



En un foro sobre reactivación económica, organizado por Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y la Fundación Konrad Adenauer, expuse que la economía debería dejar de ser un tema únicamente de “expertos”:
si afecta cómo vivimos todas las personas, entonces se vale que todos los y las afectadas digamos algo al respecto.






