| No hay almuerzo gratis |
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| Escrito por Redacción |
| Miércoles 14 de Julio de 2010 19:47 |
Rodolfo Silva
Washington ha tenido la práctica de imponer cuotas a nuestras exportaciones (carne, café, azúcar, etc) por políticas proteccionistas. Una de mis primeras experiencias en Ofiplan, al gestionar un préstamo de AID para caminos, fue que pretendieron incluir una cláusula que obligaba a acatar esas cuotas. Nada que ver con los caminos. Después de mucho forcejeo se logró eliminarla. Más tarde, en el BCIE, tuvimos que defender contratos de carreteras adjudicados a empresas centroamericanas, también con financiamiento de AID, pues era renuente a aceptar firmas de la región, alegando que les faltaba experiencia. La realidad es que querían darlos a empresas usamericanas. En el BID durante los años 80 tuvimos que luchar contra la insistencia de Estados Unidos que pretendía poder de veto para los préstamos a gobiernos que no fueran de su agrado. Ya en 2004, la prensa informó de la advertencia de la administración GW Bush sobre problemas con el TLC, si el contrato de Alterra se caía. Sería interminable citar las presiones en torno a la aprobación del TLC. Aventuras geopolíticas. En esos años 80, la administración Reagan pugnaba por acabar con el régimen sandinista mediante operaciones coordinadas por la CIA y por el coronel Oliver North. Trataron de involucrarnos en abrir un Frente Sur, además del que ya manejaban con los contras desde Honduras. Les estorbaba el grupo dirigido por Edén Pastora en el San Juan, que se oponía a contras y sandinistas. Propusieron al presidente Luis Alberto Monge enviar mil efectivos del Army Corps of Engineers para reparar caminos por la frontera de Nicaragua, con un evidente propósito de apoyar al Frente Sur. Si bien mi papel en el gobierno era renegociar la deuda externa, después de siete años en Washington algo había aprendido: le sugerí al Presidente aceptar la oferta, pero para arreglo de caminos en la frontera con Panamá, que no interesó al gobierno de Reagan. La presión siguió: invitaron al presidente Monge al portaviones Ark Royal, navegaba cerca de Corinto, donde hombres rana habían destruido los depósitos de combustible. Ofrecieron llevarlo en helicóptero. Declinó la invitación, aunque los jefes de Estado de Guatemala, El Salvador y Honduras aceptaron. Volvieron a la carga pidiéndole enviar tropas a entrenarse en la base militar que abrieron en la costa norte de Honduras para adiestrar a los contras. El Presidente Monge lo rechazó, no podía aceptarse entrenar militarmente a costarricenses, la Constitución no lo permite. Propuso que se adiestraran en otro lugar sobre inteligencia, antiterrorismo y detección de narcos. No hubo interés. Quisieron que Costa Rica ingresara al CONDECA (Consejo de Defensa Centroamericano) en Guatemala; el Presidente no aceptó con fundamento en la Proclama de Neutralidad. Otro ejemplo tde las presiones: al Ing. Alfredo César, contratado por el PNUD como asesor en deuda externa, lo llamó un operativo de la CIA en San José y dijo que su apoyo al grupo de Pastora ponía en peligro la seguridad de su familia; además, no estaría presente para cortar el queque cuando ganaran los contras. Algo que no encaja. Es difícil comprender esa mentalidad de presiones y aventuras geopolíticas en las que no somos duchos. ¿Mandarnos 46 barcos de guerra, portaviones, 200 helicópteros y aviones Harrier, y miles de marinos para luchar contra el narco? Tal fuerza excesiva no encaja con los fines que se persiguen. ¿Hubo un análisis de necesidades, o nos la recetaron? Estados Unidos tiene bases militares en Colombia y Panamá, y en Honduras desde los tiempos de la contra sin que se vean resultados; todo lo contrario. ¿Por qué meter a Costa Rica en este juego? La lucha contra los narcos es prioritaria y debe reforzarse con guardacostas y un mayor control terrestre, que se ha descuidado, pero es absurdo pensar que la solución está en una poderosa flota de guerra. |



Es sabido que la ayuda exterior –de Estados Unidos, de China o de otros países- sirve a sus intereses estratégicos, como obtener el apoyo a sus políticas, fomentar sus negocios, promover sus exportaciones.
Henry Kissinger dijo muy claro: “Nuestra política exterior se basa en intereses, no en amistades”. China Taiwán lo demostró al financiar el puente del Tempisque y la carretera a San Carlos “siempre que la construcción la hiciera una de sus empresas”. La China ha sido bastante espléndida para recompensarnos por establecer relaciones diplomáticas: compra de bonos, un nuevo estadio gratis –aunque mal ubicado- y otros regalos; ahora pide feria en forma de visas para obreros chinos. No hay almuerzo gratis. Por su parte, Estados Unidos se opuso durante años a la creación de un Mercomún. Buscaban mantener su hegemonía económica y comercial en la región, y no lo aceptaron hasta realizar que Centroamérica integrada tiene mayor poder de compra de sus productos.







Ademas, esta fuerza militar, ha sido especialmente incapaz de resolver conflictos etnicos, politicos o religiosos en cada pais donde se ha instalado.