| La culpa la tiene lo correcto |
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| Escrito por Redacción |
| Miércoles 10 de Febrero de 2010 16:31 |
Flora Ovares*
Después apareció el afán de modernidad, del que no se asalvaron las escuelas, flamantemente llamadas “centros educativos”, ni los maestros, que son docentes, ni las bibliotecarias, ahora bibliotecólogas, que trabajan en centros de documentación y unidades, jamás nunca en bibliotecas, a los que no acuden periodistas sino comunicadores. Pero ahora es “lo correcto” lo que hay que tener en cuenta al abrir la boca para hablar: a la cárcel el que diga ciego, sordo, mudo o inválido. Hay que decir, so pena de muerte, no vidente, no oyente, persona en discapacidad (incapacitado es excluyente desde hace unos cinco años). Y esto se extiende a otros rasgos: moreno, jamás negro, chinito, jamás chino. Aunque nunca he oído decir “blanquito”. ¿Y qué decir de los privados de libertad o las trabajadoras del sexo? Maldición eterna para que el que diga viejo a un adulto mayor, y no sé si ya es obligación llamar adulto menor a los niños y adulta menora a la niñas. Y es que a la plaga de lo correcto y lo moderno se agrega también la del “género”, al punto de que ya en el Registro Civil y en las noticias no tenemos sexo, tenemos género (sic). En las universidades y el gobierno ya hay reglamentos que obligan a hablar de determinada manera: ellos y ellas, niños y niñas, jóvenes y jóvenas, miembras y miembros. Y, ¡ay del que se rebele contra la tiranía de este correcto lenguaje! Eso sí, todo muy de acuerdo con la ideología del tico: modosito, educadito (mientras no esté manejando), cucharillas y, ante nada, legalista. Porque mientras digamos adulto mayor nada tiene que a los viejos les roben las propiedades y no les den trabajo; mientras se trate de privados de libertad, podemos olvidarnos de las cárceles abarrotadas. Y si logramos que todos se burlen de nosotras por usar un lenguaje incómodo pero “inclusivo”, ¿qué importancia tiene que los maridos celosos sigan matando a sus mujeres? *Filóloga. |



Antes que apareciera lo correcto, existían los eufemismos y los circunloquios: los objetos de consumo
no eran caros ni baratos, sino cómodos (aunque jamás incómodos) y no se podía decir me vende, si no me regala; y las mujeres no parían ni daban a luz, a ellas también “les regalaban”.







Señoras, sigan excluyendo, sigan participando de las viejas estructuras de dominacion que cuando estas se caigan, no les quedara mas remedio que volver a soñar con el tiempo pasado.
Dan mucha lastima.
Cuando alguien del nivel de doña Flora Ovares, profesora emérita de la Universidad Nacional, gran investigadora de las letras y miembro (así, con “o”, no miembra) de la Academia Costarricense de la Lengua habla de estos temas, es una gran bendición. Personas como ella nos muestran que todavía existen voces sesudas que pueden defender nuestro bello idioma. No todo está perdido.
Veras que con un poco de imaginación, Flora y demas discrminadoras, podrán buscar buenas formas de hablar y escribir sn discriminar, excluír, ridiculizar y construir buenas frases literarias. Pero eso sí, con pereza mental... no vamos a ningún lado.
Aún así nos la jugamos que nos tachen de excluyentes!!!